Thursday, July 29, 2004

Bricoman

           Ayer después del trabajo y de hacer algo de comprita para tener provisiones suficientes para la llegada de Jorge y Mariola me fui directo a la pisci. Había muy muy poquita gente y tuve una calle para mí solo todo el tiempo. Nadé 40 minutos sin parar. Ya he llegado a un punto en que no me canso. Bien es cierto que no nado a la velocidad del rayo precisamente pero de todos modos me pongo en la calle rápida y me adapto bien al ritmo de ésta.

            Luego me duché allí y me fui a casa a colgar la pizarra. Había cogido todo lo necesario del trabajo así que lo llevé todo a la cocina y me puse manos a la obra con Colin que me echaría una mano para nivelarla y demás.

            Nos pusimos a taladrar, poner los tacos y a atornillar y en menos de 15 minutos teníamos nuestra super pizarra lista. Es enorme. Debe medir un metro veinte de ancho por ochenta centimetros de alto. Estuvimos escribiendo cositas y haciendo dibujitos. Muy guay.

             En esto llegó Ramón y nos pusimos a hacer cuentas de todos los gastos del piso: comida, council tax, facturas, alquiler y cosas comunes (detergente, lavavajillas, papel higiénico, lejía, bolsas de basura, aceite de oliva...). Me alegró saber que seguimos comiendo estupendamente y gastandonos una media de cincuenta libras al mes para ello. Es que es menos de una libra setenta al día. La verdad es que nos lo curramos. Cocinamos todos los días, hacemos compra en el Lidl...Otro gallo cantaría si anduviéramos todo el día a base de comidas congeladas, kebabs, pizzas, fish and chips y demás comida de los takeaways.
 
              Cenamos un arrocito que hizo Colin muy rico, la famosísima ensalada de espinacas, zanahoria y maíz y unas tostas con aceite de oliva, tomate y queso. Todo buenísimo. Luego nos echamos unos mojitos, pues todavía tenemos de lo que sobró el sábado, charlamos un ratín y nos fuimos a la cama. Yo traté de leer un poco del guardián entre el centeno pero estaba cansadísimo y caí dormido enseguida.

               Por la noche entre sueños me llegó un mensaje de Jorge que decía que llegaban a la hora de las cañas. Yo ya no sé ni qué hora es esa así que he estado viendo los horarios de las llegadas al aeropuerto de Edimburgo y Frankfurt y ya he dado con su vuelo. Llegan a las cinco y media o sea que estaremos en casa como una horilla después.
             

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