Tuesday, August 24, 2004

Ya volvemos a tener bici

Ayer fue el día en que tanto Ramón como yo volvimos a tener una bici cada uno. Ramón recuperó la suya y Fati me cedió la que ella solía utilizar ya que en breve se va a España.

Después de trabajar me fui al Lidl (andando) a comprar lo necesario y luego a casa donde me encontré a Ramón al que pregunté por Andy. Me dijo que ya se había marchado, que había dado las gracias por enésima vez y que había dejado un regalito como agradecimiento. Nos compró una botella de vino español que tiene una pinta estupenda. Ramón, que sabe de vinos, dice que es buenísimo.

Al poco nos fuimos los dos a la pisci que no estaba muy llena pero pasados veinte minutos no se nadaba a gusto. Mucho bañista.
De todos modos, nadamos los cuarenta mintuos de rigor. Yo me cansé más de lo habitual. Quizá fue porque me puse en la calle rápida y había gente que nadaba a una velocidad que te presionaba a esforzarte mucho para no entorpecerles. Principalmente chicas por cierto.

Ya me duché allí y me fui a casa un ratito antes de irme a la de Fati que me había invitado a cenar con ella. Aproveché para limpiar el baño y así no tener que hacerlo durante la estancia de Dani que viene hoy.

Llegué a casa de Fati como a las ocho y cuarto y ella ya tenía la cena lista. Que maravilla. Puso filetitos de cerdo con una ensalada de tomate, queso y nueces buenísima y un arrocito especiado también muy bueno. Nos pusimos las botas.

Habíamos quedado en ir después de la cena a un espectáculo en el royal museum en el que ciento cincuenta saxofonistas iban a hacer algo aparentemente interesante.
Antes de marcharnos al museo, le dije a Fati que me enseñara la bici que me iba a ceder para así ver las válvulas de las ruedas y la bomba que me tenía que traer para hincharlas. La bici en cuestión es estupenda. Estoy deseando ponerla a punto y empezar a usarla.

Justo al lado de la bici de Fati había una de carreras que me sonó muchísimo nada más verla y es que era la de Ramón y así se lo dije a ella. Me dijo que se la habían encontrado sus compañeros de piso tirada en la calle, sin candado ni nada y que la cogieron y la metieron en casa. Justo se la encontraron la mañana siguiente a la noche en la que despareció de nuestra calle. Acto seguido, llamé a Ramón para comentarle el hallazgo y se puso super contento así que hoy vamos juntos a recoger nuestras bicis a casa de Fati.

La función en el museo fue demasiado experimental pero nos reímos muchísimo y además el sitio era precioso: una sala enorme, como un recibidor, sin sillas ni nada, donde la gente se sentaba en el suelo, esperando a que empezara la función.
Al poco aparecieron cuatro saxofonistas y se subieron cada uno en una plataforma desde la que se dedicaban a tocar una nota cada minuto más o menos y a hacer ruiditos. Estuvieron así como media hora hasta que de repente empiezan a aparecer por el recibidor los ciento cuarenta y seis saxofonistas restantes paseándose con sus saxofones pero sin tocar. Sólo paseándose por la sala. Y así durante diez minutos más hasta que terminó la función. Fati y yo nos partíamos. Hubo mucho gente que se fue en mitad de la función porque aquello era difícil de entender.

Tras la función nos fuimos dando un paseíto a casa. Me despedí de Fati hasta hoy y una vez en mi cuarto, leí un capítulo del guardián entre el centeno y me quedé dormido.

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