Vacaciones en Edimburgo (I)
Este otro nuevo período sin escribir se ha debido a que he vuelto a estar de vacaciones. Ahora cuando venía al trabajo me he dado cuenta de lo bueno que es tener tantas vacaciones y poder cogérmelas a mi antojo. Es, sin duda, una cosa muy buena de este trabajo.
Es la primera vez que he estado de vacaciones en Edimburgo en toda mi vida. Hasta ahora, siempre me he marchado a algún lado. La experiencia ha sido estupenda. Especialmente por la compañía y el tiempo (que ha acompañado bastante tratándose de Escocia).
Antes de entrar de lleno en lo que ha sido el período vacacional voy a contar lo acontecido el miércoles y el jueves anteriores a la llegada de Pepito, Manolo y Juanlu.
El miércoles 20 de Octubre, después del trabajo, quedé con Ana en el café de la Filmhouse para tomarnos un chocolate. Realmente creo que el motivo de la quedada fue que ella necesitaba que le llevara unas telas de colores para hacerse un disfraz para una fiesta que tenía con los del trabajo pero aún así charlamos un ratito aunque no solos. No solos porque al poco de mi llegada, le sonó el móvil. Era un amigo de Noah que acababa de llegar a Edimburgo y que llamaba a Ana porque no conocía a nadie en la ciudad y estaba un poco perdido así que ella había quedado con él en el mismo sitio y a la misma hora que conmigo.
El chico en cuestión que se llama César se parece muchísimo a Noah y no hacía más que quejarse de que estaba muy aburrido y de que no conocía a nadie. Yo me quedé un poco sorprendido porque estas cosas son obvias al principio de una experiencia como la que César había decidido llevar a cabo pero él parecía tener unas expectativas creadas que nada tienen que ver con la realidad y que le llevarán sin duda a darse de bruces contra varias paredes. En fin, la experiencia será super positiva para él. Le estuvimos dando consejos para encontrar piso y trabajo y le informamos un poco de cómo funciona la ciudad a los niveles que a él le interesaban a corto plazo.
Así que el encuentro con Ana no fue tanto con ella como con César. De todos modos, tuvimos tiempo suficiente para planear algo para el día siguiente cuando iríamos a recoger a Pepito, Manolo y Juanlu al aeropuerto. Acordamos disfrazarnos de vagabundos y ponernos en algún punto del aeropuerto por el que ellos fueran a pasar y sorprenderlos ahí.
Cuando llegué a casa me encontré con Ramón con el que estuve comentando la tarde y al poco me puse a cocinar una tortilla y una ensalada para cenar los tres. Colin llegó de Birmingham muy cansado y con poca hambre así que sobró bastante comida que caería al día siguiente.
Después de cenar, me duché, leí algo más del Código Da Vinci y me acosté.
El jueves salí del trabajo contentísimo por empezar las vacaciones y me fui al Lidl a Arnold Clark a recoger el coche que utilizaríamos Ana y yo a la mañana siguiente para ir a Prestwick a recoger a los visitantes. Quedé con Ana en Arnold Clark para que se llevara el coche a trabajar pues le venía muy bien y de ahí me marché al Lidl a hacer compra de manera que no faltaran provisiones para las comidas del viernes por lo menos.
Ya en casa estuve ordenando un poco y haciendo sitio en los armarios para que los visitantes pusieran sus cosas y acto seguido me puse a preparar la cena. Había quedado con Ana en que se viniera a casa a dormir para así ir al día siguiente del tirón juntos a recoger a los visitantes y mientras cocinaba me hizo saber que Elisa se venía también a cenar y a dormir. Me quedé sorprendidísimo pero intuí a qué se debía y traté de no enfadarme aunque me dió mucho qué pensar sobre lo que es ser bueno y ser tonto.
También se vino Paul a cenar al que no veíamos desde hace años así que al final nos juntamos seis. Hicimos una ensalada y varias tostas y fue suficiente pues sobró media tosta.
Después de la sobremesa nos fuimos directamente a dormir pues teníamos que despertarnos a las cinco y cuarto al día siguiente.
Y así hicimos, a las cinco y cuarto de la mañana del viernes sonó la alarma de nuestros móviles. Nos despertamos con relativa facilidad pues ninguno de los dos habíamos dormido bien entre los nervios, la ilusión y sueños extraños. Desayunamos algo, nos cogimos unas frutas para el camino y nos marchamos camino a Prestwick en una noche más que cerrada. Durante el viaje hablamos de la relación con nuestras respectivas parejas. Estuvo guay porque hacía mucho tiempo que no viajábamos los dos solos en coche. Nos trajo recuerdos.
Llegamos a Prestwick como media hora antes de que el avión en el que venían los visitantes aterrizara de modo que nos dió tiempo a preparar todo con detalle. Habíamos hecho en casa un cartel que decía "Por favor, una ayuda, semos pobre y estamos enfermo. Cuerpo de perrito. Una limosna, una ayuda, una botella de Cacique o un algo".
Nos pusimos en el pasillo que conecta el aeropuerto con la estación de trenes por el que los visitantes tendrían que pasar seguro. Nos sentamos sobre una alfombra vieja que encontramos en casa, nos cubrimos con una manta enorme y colocamos el cartel con un tupper en el que pusimos unas cuantas monedas. Éramos auténticos homeless y estuvimos allí sentados hasta que aparecieron los visitantes, siendo vistos por bastante gente. Nos daba muchísima vergüenza pero nos estábamos riendo lo más grande. Divertidísimo.
Por fin, oímos que se acercaban los visitantes así que nos cubrimos las caras con la manta y esperamos a que se acercaran a ver si nos reconocían. Ninguno se dió cuenta a pesar del cartel que estaba escrito en español así que cuando estaban a escasos dos metros después haber pasado por delante nuestra, nos levantamos bruscamente gritando y haciendo aullidos de perro. Los tres se sorpendieron y miraron para atrás asustados pero pasado ese momento de shock y ver que éramos nosotros no hubo carcajadas conjuntas como esperábamos. Ana y yo nos partíamos pero los visitantes, después de toda la noche sin dormir, sólo mostraron cara de sueño y de alegría por haber llegado por fin a su destino y habernos encontrado.
Ya nos montamos los cuatro en el coche camino de Edimburgo. Charlamos un poco durante la ruta pero no demasiado. Estábamos todos zombie. Se notaba muchísimo pues hubo mucho silencio, cabezadas y poca tertulia.
Ya en Edimburgo fuimos a casa de Ana a que los visitantes la conocieran y a recoger su secador de pelo que nos haría falta para hinchar la colchoneta y de ahí a la nuestra a dejar las maletas y a desayunar. Hacía buenísimo así que desayunados, decidimos ir a dar un paseo. Nos subimos a Blackford Hill que estaba precioso. La vista alucinante. Allí nos estuvimos haciendo unas fotos y echándonos unas risas.
Luego volvimos a casa. Ana se marchó a trabajar. Pepito y Juanlu se acostaron y Manolo y yo fuimos a devolver el coche. A la vuelta, hicimos pasta a la italiana y después nos echamos también.
Me desperté antes que los demás obviamente ya que yo algo sí que había dormido y me puse a hacer la cena. Preparé pollo en salsa y arroz que salió buenísimo. Poco a poco se fueron despertando todos, cenamos, nos duchamos y nos marchamos al Wash a tomarnos una pinta a la que siguió otra en Black Bo´s y de ahí nos fuimos al Teviot Underground donde la indie society pincha y pone copas hasta las tres. Había muchos chavales pero a nosotros nos daba un poco igual. Allí estuvimos bailando y riéndonos a costa de cualquier cosa hasta que llegaron las tres. No sé cómo nos lo montamos pero tardamos como una hora en llegar a casa. Principalmente fue debido a que nos paramos a charlar con dos chicas belgas y dos chicos (uno inglés y otro polaco) por el camino. Nos entretuvimos mucho con ellos. Nos reímos todos juntos y ya decidimos marcharnos pero Ramón (que estaba hablando con una de las belgas) dijo ¡Noooo! lo cual dió juego para bromas el resto de la noche.
Ya en casa nos comimos un tupper enorme de sandwiches que se había traído Ramón del trabajo y ya nos acostamos.
El sábado nos levantamos sorprendentemente pronto para lo tarde que nos habíamos acostado y al ver que hacía bueno, desayunamos rápido y decidimos subir a Arthur´s seat. El paseo fue una gozada pues hacía una temperatura estupenda. Subimos con relativa facilidad y una vez en la cima nos hicimos las pertinentes fotos. La vista desde la cima con buen tiempo es increíble. Incluso se veía Fife.
Cuando bajábamos, Manolo no hacía más que resbalarse y caerse para el regocijo de todos los demás. Manolo y Alba son torpones para estas cosas. Siempre que vamos al monte con ellos nos hartamos de reir.
Una vez en terreno llano, decidimos ir al Bongo Café a tomarnos algo. Allí estaba la camarera de Gerona que a la vez pinchaba música muy muy tranquila. Estuve hablando un ratito con ella y me contó que se va en Diciembre un mes a Vietnam y que ese mismo mes tendrá expuestos varios cuadros en el café. Es una chica majísima y muy dulce.
Después del Bongo ya nos marchamos a casa pasando por el Lidl. Compramos todo lo necesario para cenar unas tortillas de patata y una ensalada que entraron de maravilla después de todo el día caminando.
Ya cenados y duchados, hicimos botellón en el cuarto de Colin. Además de los visitantes y los tres mosqueteros, vinieron Ana, Elisa y Lena. Con esto de echarnos los cubatas en vasos de pinta, no controlábamos mucho y acabamos un poco chispa. Cuando llegó la medianoche nos fuimos al wee red bar que estaba animado pero no muy lleno a esa hora.
Pasamos allí el resto de la noche bailando, riéndonos y haciendo fotos. Al final se acabó llenando pero no hacía tanto calor como en verano. Estuvo muy divertido aunque el DJ no tuvo una de sus mejores noches.
Cerraron a las tres y nos fuimos todos para casa parándonos en el camino con un par de chicos escoceses a los que nos quejamos de los horarios de los bares en Edimburgo. Ellos nos dijeron que era una pena, pero que Edimburgo ofrecía otras cosas a cambio. En verdad tenían razón. Eran muy enrollaos pero no nos quedamos mucho pues la gente parecía tener prisa. Una cosa muy rara.
De camino a casa, lo mismo que el viernes, riéndonos lo más grande y comentando la noche. Divertidísimo. Yo estaba agotado así que me subí encima de Manolo para que me llevara a caballo y luego Juanlu se subió encima de mí. Manolo ya no pudo aguantar más y nos caímos los tres al suelo. Entonces Pepito se tiró encima de nosotros. Era como una pelea. Me harté de reir aunque por momentos me faltaba la respiración por tener a tanta gente encima.
Cuando llegamos a casa devoramos la tortilla que habíamos dejado lista y una especie de quiche que se había traído Ramón del trabajo. Los ratitos después de salir en la cocina, comiendo antes de acostarnos han sido de los más divertidos de la visita de Juanlu, Pepito y Manolo. Nos hemos reído muchísimo.
Después de acabar con la comida nos quedamos en la cocina de palique y luego nos fuimos a la cama.
El domingo amaneció nublado pero fuimos a dar una vuelta de todas formas. Anduvimos primero por old town y luego por new town terminando en Princes Street pues Pepito quería mirar tiendas. Después del paseo Pepito y Juanlu se quedaron de compras y los demás nos marchamos a casa. Al llegar me puse a hacer canelones mientras los demás descansaban.
Y eso cenamos. Nos sentó estupendamente pero nos dejó un poco inmóviles de modo que lo único que nos apeteció justo después de cenar fue tirarnos en los sofás de mi cuarto.
Nos echamos una copita y viendo que era pronto, al final nos animamos a salir. Primero fuimos a Opium que estaba bastante lleno y en el que la música era demasiado dura. De ahí nos marchamos al city café donde me encontré al australiano que conocí en la fiesta de Bruno. Nos tomamos media pinta, escribimos una postal a Rau y decidimos irnos a Pivo y así acompañar a Ana en su camino a casa. Pivo estaba bastante animado. Nos pedimos otra media y charlamos hasta que el cansancio nos pudo y decidimos volver a casa.
El paseo de vuelta fue una chulada pues estaba toda la ciudad a oscuras, el cielo ligeramente nublado de manera que se podía ver la luna y muy poca gente. Muy tenebroso. Me encantó.
En casa charlamos un poquito tirados en los sofás y nos acostamos.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home