Thursday, November 25, 2004

Después de Madrid, llegó la calma

Es increíble como cambia el concepto de ajetreo, fiestecitas, salidas y demás de España a Escocia. Si en Edimburgo llegamos a casa pasadas las cuatro ya lo considero una noche muy completita. En Madrid llegar a casa a las cuatro lo describiría como "salir a tomar algo y volver pronto".
Los días posteriores a las vacaciones en Madrid no han estado nada mal. Especialmente el fin de semana.

El día siguiente a la vuelta de Madrid, me lo tomé con mucha calma. Todavía tenía mucho sueño atrasado. Después de trabajar me fui al Lidl a hacer comprita y luego enseguida para casa. Por lo visto había fútbol así que mientras Colin y Ramonchi lo veían, preparé arroz dulce que entró de maravilla. Después de un rato de sobremesa, me metí en la ducha y de ahí directo a la cama.

Al día siguiente quise dejar todo preparado para la visita de Pitu de modo que no tuviera que perder tiempo con tareas domésticas. Nada más llegar del trabajo, me puse a cocinar una fuente enorme de canelones de carne. Me llevó un rato largo pero me ponía de buen rollo nada más que de pensar lo bien que iban a entrar al día siguiente y lo contento que se iba a poner Pitu de encontrar comida rica en casa del primo de Edimburgo.

A mí me parece fundamental que cuando uno va a tener visita, se preocupe de hacer sentir a sus huéspedes lo más cómodo posible y ahora que todavía no nos importa mucho dormir en sofás, colchonetas o camas compartidas, esto se traduce en que no pasen hambre.

Cuando terminé de cocinar los canelones ya casi era la hora de la cena así que me puse manos a la obra para hacer una tortilla que salió bien rica. Cenamos los tres estupendamente y al poco nos acostamos.

El viernes sólo trabajé medio día, fue genial dejar la oficina a las doce y encontrar un sol radiante fuera. Hacía muchísimo frío, eso sí, pero una luz muy bonita y la ciudad estaba además muy animada.

Calculaba que Pitu llegaría sobre la una así que me fui a casa a dejar la bici y de ahí me marché caminando a Waverley Station. Pitu y yo llegamos casi sincronizados. Me hizo mucha ilusión verlo. Me pareció un gesto bonito de su parte el venir a Edimburgo.

Le pregunté qué quería hacer, si dar un paseo primero o ir directamente a casa a comer y me dijo que tenía muchísima hambre pues se había levantado muy temprano y no había comido casi nada. Decidimos pues marcharnos a casa. Yo me callé lo de los canelones y una vez dejamos su equipaje en mi cuarto y le enseñé la casa, le mostré la bandeja. Me preguntó que qué era y cuando se lo dije se puso muy contento.

Al poco estábamos los dos pegándonos un festín magnífico que nos dejó completamente K.O. así que nos fuimos al sofá y al poco caímos dormidos.

Cuando nos despertamos ya era casi la hora de marcharse al concierto de dEUS así que nos duchamos rápido, nos vinieron a recoger Lena y Kate y nos fuimos hacia el liquid room.

Al entrar vimos que no había demasiada gente, se estaba muy bien. Me encontré a Teña que andaba en primera fila guardando sitio para no perder detalle. Me dijo que se había enterado de rebote del concierto y que le gustaban muchísimo dEUS. Me hizo mucha ilusión verla.
Yo pensé que la cosa se mantendría igual de gente pues incluso durante la actuación de los teloneros el número de asistentes no cambió. Sin embargo, en cuanto éstos terminaron su show ya se empezó a llenar la sala.

Yo nunca había visto a dEUS en directo pero tenía un recuerdo estupendo de un trocito de un concierto suyo que ví por la tele y por eso decidí ir a verlos. Cuando empecé a hacerme con discos suyos las semanas previas al concierto pensé que el grupo no era para tanto y no entendí bien por qué me gustó aquel concierto que ví en la tele pero en cuanto salieron al escenario y empezaron a tocar, aluciné.
Empezaron con una canción del más puro estilo folk-pop acústico que me resultó más que agradable. La iluminación era estupenda. Muy muy escasa, casi todo oscuro y unos pequeños haces por detrás que sólo dibujaban las siluetas de los componentes. Esta canción que empezó muy acústica terminó con un derroche eléctrico importante pero no pesado. No creo que el susodicho durara más de un minuto. Poco a poco fueron caldeando el ambiente tocando canciones cada vez más eléctricas con partes realmente noise que funcionaban a las mil maravillas. Yo estaba disfrutando de lo lindo y Pitu al parecer también, lo cual me alegraba mucho. Terminaron con mi favorita del disco que tengo, que tiene unos sonidos de violines distorsionados alucinantes y yo me quedé más que satisfecho. Una auténtica pasada. Sin duda volveré a verlos la próxima vez que toquen por aquí.

Después del concierto nos marchamos a casa a cenar. Allí terminamos con la fuente de canelones y luego decidimos ir a Black Bo´s a tomarnos una pinta. Ramón se apuntó.

Como Pitu no bebe cerveza, cogimos dos botellas pequeñitas que tenemos y las llenamos de ron. Fue muy divertido pedir cerveza para Ramón y para mí y cocacolita para el peque que luego acababa mezclándola con ron.

Nos quedamos allí charlando hasta que cerraron y en cuanto llegamos a casa nos fuimos a dormir.

El sábado nos levantamos tardísimo. Pitu porque había madrugado muchísimo el día anterior y yo porque todavía arrastraba la paliza de Madrid.
Hacía un día precioso así que desayunamos algo y nos marchamos enseguida a dar un paseo. Yo me imaginaba que Pitu tampoco es una persona que disfrute viendo la arquitectura de una ciudad así que lo llevé a los sitios más pintorescos dentro de lo que es el centro de modo que tampoco tuviéramos que caminar mucho. Hacía un frío pelón. Horrible. Llegó un punto en que empezaron a dolerme los dientes y todo. Nunca había sentido algo así.
Ya de vuelta a casa, paramos en el Lidl a comprar pollo para cocinarlo en salsa para la cena.
Salió buenísimo. Nos lo comimos con muchísimas ganas pues no habíamos almorzado.

Por la noche habíamos quedado con Mary, Lena, Kate y Monica para ir a una fiesta de un amigo de Mary en nada menos que Moray Place. Mi sitio favorito de Edimburgo. Me apetecía muchísimo conocer el piso. Mary nos había dicho que era enorme.
Llegamos los primeros y Julien (que así se llamaba el amigo de Mary) nos estuvo enseñando la casa. Era enorme. Tenía dos pisos cada uno con una superficie (yo calculo) de ciento ochenta metros cuadrados. Una pasada. Había de hecho dos escaleras para conectar ambas plantas, una en cada extremo de la casa. Al final nos quedamos en la habitación de Julien que era donde iba a tener lugar la fiesta.
Poquito a poco ya fue llegando la gente y ya empezó la interacción. Me encanta esto de las fiestas en Edimburgo. Al final de la noche has hablado, aunque sea sólo un poquito, con todos los asistentes.
Conocí a tres chicos de Oarkney que eran la risa. Normalmente, en las fiestas a las que vamos hay tantos escoceses como gente de cualquier otro país de Europa. En esta había tres y los tres eran de las islas Oarkney. Nunca había charlado antes con alguien de Oarkney. Les estuve preguntando cosillas sobre la vida allí y pidiéndoles que imitaran acentos cerrados. Nos lo pasamos muy bien. El resto de la noche anduve charlando con más gente y riéndome con Pitu, Ramón y las niñas.

Llegó un momento en que Monica desapareció pero nadie se dió cuenta hasta que volvió con una cacerola en la cabeza, dos tapas de otras dos cacerolas atadas a las rodillas de modo que quedaban la una enfrentada a la otra y un tenedor en la mano. Yo me quedé de piedra y más aún cuando empezó a golpear la cacerola que llevaba en la cabeza con el tenedor y a mover las rodillas hacia fuera y hacia dentro de modo que las tapas chocaban la una contra la otra como si fueran platillos. Además tenía un matasuegras en la boca que hacía sonar a la vez que todo lo demás. Lo mejor de la noche sin duda alguna. Mónica es un crack.

Nos volvimos a casa todos juntos y se vino también con nosotros Jérome, un amigo francés de Lena con el que me estuve riendo todo el camino. Hacía muchísimo frío y hacíamos bromas de pingüinos.

Cuando llegamos a casa, nos comimos el pollo que había sobrado de la cena, comentamos la jugada asignando los premios a la más pájara y ya nos fuimos a la cama.

El domingo nos levantamos tarde otra vez así que sólo nos dió tiempo a desayunar tranquilos e ir a la estación sin prisa. Me dió mucha satisfacción que Pitu hubiera pillado un finde animado y que se lo hubiera pasado bien. Nos despedimos hasta navidades y yo me marché a casa haciendo paradas en Fopp, Avalanche y el Lidl para reponer la despensa.

Tenía ganas de sentarme tranquilo en mi cuarto y ver una película así que puse "hijos de un Dios menor" que me la traje de casa de mis padres y todavía no la había visto. Me empezó gustando pero enseguida empezó a entrarme sueño y me quedé dormido.

Me levanté con hambre así que me puse a hacer una ensalada y pasta con bacon y cené con Colin. Al poco llegaron Ramón y Carol que se comieron las sobras y yo me fui a la cama a leer un rato. El libro parece no evolucionar demasiado sino simplemente relatar las diferentes fases por las que pasa la gente que está encerrada en la ciudad de Oran debido a la epidemia de peste. En verdad es interesante.









0 Comments:

Post a Comment

<< Home