Música y libros
Cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de lo importante que es forzarse a hacer cosas a pesar de la pereza. Es muy importante acostarse y ni recordar que uno ha trabajado por la mañana debido a la cantidad de cosas que ha hecho por la tarde y por la noche.
A veces me cuesta, principalmente por pereza, pero poquito a poco y a base de notar los excelentes resultados que aporta, me resulta cada día más fácil.
Así que ayer, como casi todos los días, me propuse llevar el plan a cabo empezando por ir a la biblioteca a escanear unas fotos para mandarlas a casa y para colgarlas en cuclillos.
Cuando iba caminando por los meadows camino de la biblioteca, me encontré a Meri que me recordó que la susodicha estaba cerrada por las reformas de los antiguos muros, que tienen amianto. Había leído un email por la mañana que avisaba del cierre pero ni me acordaba.
Ya que había salido de casa, me propuse dar un paseo por el centro en vez de volverme y así hice. Me fui a Avalanche y a Fopp a mirar discos y libros. En avalanche no encontré nada que me entusiasmara. Eché de menos mis tiendas de discos favoritas de Madrid donde me lo compraría todo. En Fopp sin embargo, encontré el disco de los Delgados que tiene la canción que tanto me gustaba del recopilatorio que me dejó Alessandro. Llevaba buscándola mucho tiempo pero no sabía como se llamaba. Me sabía la letra pero no el título y como los Delgados tienen tantos discos, no he querido nunca arriesgarme. Como en Fopp tienen los discos abiertos, pude sacar el libreto y echar un ojo a las letras hasta que dí con la canción que buscaba.
Cuando estaba pagando eché una última mirada de reojo a los libros y ví dos de Albert Camus por tres libras cada uno así que me los compré los dos. Recordaba que Esteban me había recomendado un libro de Camus pero no sabía cual así que me los compré los dos para tener más posibilidades de coincidencia.
Así que me fui de Fopp con dos libros y el disco de los Delgados. Todo por once libras. Muy baratito.
De vuelta a casa, pasé por delante de la biblioteca y ví que estaba abierta así que entré a escanear las fotos. Primero me senté en un Mac pero no tenía photoshop al parecer así que me cambié al PC donde me pongo siempre. Escaneé dos de Uli y yo en Londres y otras tantas de la visita de Pepito, Manolo y Juanlu. Las mandé todas por email a casa y también las colgué en cuclillos.
Al llegar a casa me puse a cocinar el pollo en salsa cuya receta me dieron mis padres y en una hora y media lo tenía listo.
Al terminar de cocinar no tenía mucha hambre así que me puse a leer hasta que me entrara. Me terminé por fin el código Da Vinci cuyos personajes de repente aparecen en Edimburgo. Vaya coincidencia.
Mi opinión es que es trepidante hasta la mitad y aburrido después. Tampoco en libros se puede uno fiar de la opinión de nadie.
Cené con la satisfacción de haber terminado otro libro en inglés. El pollo me supo a gloria. Estaba buenísimo. Disfruté a lo grande.
Después de la cena, me duché y me vestí para salir pues había quedado en ir con Lena, Kate y Mary a ver a Hoboken tocar en Velcro.
Vinieron a buscarme como a medianoche y nos fuimos en bici hasta allí.
Cuando entramos, estaba bastante vacío pero se estaba muy bien así que me pedí una tónica por la que me cobraron cincuenta peniques y nos sentamos a charlar principalmente de las tres semanas de vacaciones de Kate en Turquía. Ha venido encantada. Dice que tenemos que ir.
Al poco la cosa se fue animando y ya salieron Hoboken a tocar todos vestidos de traje.
El concierto estuvo muy bien de ejecución pero sosillo de puesta en escena. En verdad era lógico porque no había mucha gente aunque la poca que había bailaba muchísimo y animaba el cotarro. De hecho el cantante dijo que estaba sorprendido agradablemente.
La última canción fue muy animada de modo que dejó a la gente con ganas de bailar así que los djs lo tenían fácil para hacer danzar al respetable.
Había mucho espacio para bailar y la música estaba muy bien (Belle and Sebastian, Strokes, Franz Ferdinand, Le Tigre, Graham Coxon...) así que estuvimos los cuatro liándola rodeados de universitarios indies. Muy divertido.
No sé qué pasó que a las dos encendieron las luces y quitaron la música. El sitio cerró y nos tuvimos que marchar a casa no sin antes echarnos unas risas con una pandilla de irlandeses que quedaron prendidos de Kate. Nos reímos mucho con ellos porque a medida que nos alejábamos con las bicis nos decían adiós en alemán todos a la vez moviendo las manos.
Mary se fue a otro club y Lena, Kate y yo a casa en las bicis. Al volver me entró de nuevo esa sensación de satisfacción y orgullo de estar viviendo esto. Lena con sus 27 años, Kate con sus 24 y yo con mis 25 volviendo a casa en bici por Edimburgo después de haber estado bailando un miércoles por la noche...
Cuando llegué a casa no tenía sueño así que me puse a leer uno de los libros de Albert Camus que me compré que la verdad me empezó gustando pero al poco vino el sueño de repente y me quedé dormido.

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