Vacaciones en Edimburgo (II)
El lunes nos levantamos pronto pues Pepito tenía que coger el primer tren de los dos que conforman el trayecto Edimburgo-Prestwick. Fuimos Manolo, Juanlu y yo con él y tras despedirnos de él empezamos a caminar en dirección a la galería de arte moderno (más por el paseo, que es precioso, que por la galería en sí). Una vez allí, entramos ya que era gratis y vimos varios cuadros bastante sosones menos unos de una exposición de Andy Warhol que estaban allí temporalmente y que tenían más color.
Desde la galería de arte moderno cogimos un autobús que nos llevó hasta la de retratos desde donde caminamos hacia el jardín botánico. Hacía justamente un año que no iba al jardín botánico. Estaba precioso y Juanlu y Manolo se lo pasaron pipa dando de comer a las ardillas.
Después de toda la mañana caminando volvimos a casa a comer y a descansar.
Por la noche vino Ana y cenó con nosotros. Colin había preparado unas patatas al horno rellenas que estaban bien buenas y que nos sentaron de maravilla. Tras acabar con ellas decidimos ir a tomarnos una a Bannerman´s pero no fue buena elección pues la música era horrible y dimos con un camarero muy maleducado así que tras bebernos nuestras medias pintas nos marchamos a casa. Estábamos agotados.
El martes Manolo y yo acompañamos a Juanlu a la estación y luego nos quedamos por el centro. Ya podía entonces enseñarle a Manolo todas las cosas que Juanlu y Pepito habían visto en sus anteriores visitas como los jardines del castillo, la royal mile entera y calton hill. En calton hill nos subimos al partenón y nos quedamos charlando un buen rato. La vista era espectacular y la temperatura deliciosa. Fue estupendo sentarnos allí y charlar. Una maravilla.
Antes de irnos a casa a comer paramos en el forest café a tomarnos un zuminchi. A falta de sitios en los que tomarnos una tapa y un tinto de verano, bien nos vino el forest. Esta fue otra de las cosas que fue para mí una absoluta novedad. Poder parar a tomar algo antes de almorzar en algún barecito mono del centro un martes. Una gozada.
Ya en casa nos pusimos las botas a base de arroz, salchichas, huevos fritos y salsa de tomate y luego nos sentamos en el sofá Manolo a escribir en su cuaderno y yo a leer.
Por la noche fuimos con Lena y Ramón al honeycomb que estaba animadísimo. Nos lo pasamos pipa bailando y sacando parecidos a la gente. Encontramos a las dobles de Mariluz y Laura Vidal y nos reímos con ello. Nos acordamos mucho de Pepito pues le hubiera encantado el sitio. Después de unos bailes, unas cervezas y unos parecidos encontrados nos marchamos a casa como a las dos y media.
El miércoles nos levantamos tarde. Era el único día en el que nos lo podíamos permitir. Tampoco habíamos planeado nada así que lo que hicimos fue deambular por el centro y unas compritas de última hora. Manolo se compró un edredón de plumas, recogimos sus fotos, nos tomamos un zumo en el brass monkey y nos marchamos a casa.
Una vez allí me puse a preparar la comida y a hacer una tortilla para llevarnos al día siguiente a las highlands. Como almuerzo hice otra vez el pollo en salsa que entró de maravilla.
Por la noche fuimos al citrus que era gratis pero estaba muy vacío. La música estaba bastante bien y había cerveza a una libra pero nos marchamos enseguida hacia el tron donde no nos dejaron entrar pues decían que ya habían cerrado. Así que nos fuimos al cabaret voltaire donde nos cobraron dos libras por entrar pero había música en directo y no demasiada gente. Se estaba genial así que estuvimos bailando funky que te funky y riéndonos con los personajes de nuestro alrededor.
Como a la una llegaron Stavros y sus dos visitantes griegos (Giannis y Spiros). No se les veía muy integrados, la verdad así que se marcharon como a las dos y Manolo y yo con ellos. Nosotros para casa y ellos a Spionage, creo recordar...
El jueves madrugamos muchísimo para ir a recoger el coche que habíamos alquilado para subir a las highlands. Nos dieron un peugeot 206 rojo diesel muy bonito y con él tomamos rumbo al parque natural de Loch Lommond tras recoger a Stavros y a sus dos huéspedes.
Desde el primer momento me dió a mí la sensación de que los huéspedes de Stavros tenían ideas muy diferentes a las nuestras sobre como pasar el día. Stavros condujo guiado por mí hasta el mismo sitio donde estuvimos cuando vino Manuel Maeso. Estaba precioso, con unos colores otoñales vivísimos. Una chulada. La cosa es que no paraba de llover y tras un rato conduciendo por el parque natural, Stavros me comunicó que sus huéspedes andaban locos por ir a Glasgow. Yo no me lo podía creer. Casi acabábamos de llegar a las highlands y se querían ya marchar a Glasgow. En fin, como llovía con bastante insistencia nos marchamos para allá. Además, nos venía muy práctico para que así Manolo viera las estaciones de tren por las que se tendría que mover al día siguiente en su camino hacia Prestwick.
Nada más llegar nos separamos. Quedamos en vernos en el coche en dos horas. Manolo y yo paseamos por las calles principales y luego nos fuimos a ver la catedral y el castillo donde yo nunca había estado. La verdad es que para lo que es Glasgow, están bastante bien los dos.
Cuando nos reeencontramos, pregunté a los griegos que qué habían visto y al parecer sólo habían visto Buchanan Street y luego se habían metido en un pizza hut a comer. Tanta ilusión con ver Glasgow para luego echar la tarde en un pizza hut. Me sorprendió mucho, especialmente porque hacía una tarde muy buena.
La vuelta a Edimburgo duró como dos horas debido a los embotellamientos. Estábamos agotados después de toda la semana sin parar. Yo me quedé dormido en el coche nada más montarme.
Cuando llegamos a casa, nos duchamos, recogimos a Colin y a Ramón y nos fuimos a casa de Ana que nos había invitado a cenar. Nos puso muchísimas cosas todas buenísimas. La verdad es que hizo un gran esfuerzo. No me lo esperaba en absoluto.
Después de la cena estuvimos charlando un rato y decidimos salir ya que era la última noche de Manolo.
Tras un intento fallido de ir al wee red bar, donde yo creía que había conciertos y djs hasta las tres, nos marchamos al Pivo donde nos tomamos una (yo tónica, que conducía) y después de eso a casa. Yo estaba agotado y a consecuencia de ello, de muy mal humor así que me metí en la cama enseguida para no ser desgradable con nadie.
El viernes me despedí de Manolo por la mañana disculpándome por mi mal humor de la noche anterior y me fui a trabajar.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home