Monday, November 22, 2004

Vacaciones en Madrid

Estos cuatro días en Madrid han sido fantásticos. Me lo he pasado de escándalo y ha hecho un tiempo genial. No me he vuelto con la satisfacción de haber cumplido todos mis objetivos pero aún así ha merecido mucho la pena.

El viernes doce me desperté a las seis de la mañana, desayuné, me hice unos bocatas con la tortilla que había preparado la noche anterior, hice mi cama y enseguida sonó el teléfono avisándome de que mi taxi estaba en la puerta. Bajé enseguida. El taxista me dejó en waverley bridge y allí me cogí el bus al aeropuerto.

Facturé enseguida y me fui al hall donde están las puertas de embarque a esperar. Leí un ratín pero me entró un sueño horrible así que aprovechando que había poca gente me tumbé en tres asientos hasta que llegó la hora de embarque.

El vuelo Edimburgo-Londres lo hice entero dormido. No sé qué me pasa en los aviones que en cuanto me siento me quedo sopa. A veces me despierto con el ruido del despegue pensando que ha pasado mucho tiempo desde que me quedé dormido. Tengo un sueño profundísimo en los aviones. Algo increíble.

Todo fue igual de bien en Londres y el vuelo hasta Madrid también lo hice casi entero dormido. Me desperté cuando el avión empezó a descender. Hacía un sol precioso y se veía Madrid perfectamente desde mi ventana. Nunca había visto una vista aérea de Madrid tan clara. Era un alucine porque en cuanto localicé las torres Kyo y la torre Picasso situé perfectamente el norte y el sur y pude localizar el retiro y el casco antiguo donde las calles se veían mucho más desordenadas que en el resto de la ciudad.

Desde el cielo se Madrid parecía pequeño. Como si pudieras ir desde Carabanchel a plaza de Castilla dando un paseíto.

Al bajar del avión me cegaba la luz. El sol de Noviembre en Madrid es como el de Junio en Edimburgo. Parecía verano por la intensidad de la luz y por la temperatura tan buena que hacía. Una maravilla.

Mientras esperaba a que llegara mi equipaje puse mi sim española en el móvil y al poco me llegó un mensaje de Dani que preguntaba sobre mis planes para unirse a alguno y así poder vernos. Al ratito me llamó Sara para ver cuándo nos veíamos. Tanto el mensaje de Dani como la llamada de Sara me hicieron sentir que, de alguna manera, todavía formo parte de la ciudad.

Antes de irme para el metro llamé a Fernando para ver si habían venido él y Cristina al aeropuerto a recogerme pero estaban en casa comiendo así que me fui para el metro solo.

Era la primera vez que me cogía el metro en el aeropuerto y es una maravilla lo rápido que se llega al centro. También es sin duda la conexión más barata que he encontrado entre el aeropuerto y el centro de la ciudad de todas las ciudades en las que he estado.

Durante el trayecto conocí a una chica de Canarias y a un matrimonio italiano. En cuanto empezamos a adentrarnos más en la ciudad ya se respiraba el ambiente del metro de Madrid donde nadie habla con nadie. La gente lee, escucha música o piensa en sus cosas pero no habla con nadie.

Al poco llegué al piso de Fernan donde estaban él, Cristina y dos de los compis de piso de Fernan: Carlos y David. A Carlos ya lo conocía pues estaba en la misma residencia que Fernando. Me hizo mucha ilusión volver a ver a Cristina y encima esta vez en Madrid. Fue genial reencontrarnos en esas circunstancias: los dos en Madrid, ella viniendo del Puerto y yo de Edimburgo un viernes por la tarde soleado y con todo el fin de semana por delante.

Después de un rato de charla con Fernan y Cristina y otro con David y Carlos, nos duchamos y nos marchamos a tomar algo antes del concierto de ASH.

Fuimos por la zona de Amaniel y la plaza de las Comendadoras que sigue estando igual de bonita y acabamos en un bar muy mono regentado por un argentino. Yo nunca había estado dentro aunque lo conocía por fuera. Allí nos tomamos unos tercios fresquitos y cuando llegó la hora nos marchamos al arena a ver a ASH.

No sabíamos a dónde ir exactamente después del concierto así que llamé a Ana Morán que controla la noche como nadie a preguntarle qué plan tenía. Me dijo que trabajaba en el Lolita, que fuéramos para allá pues quedaba abierto hasta las cinco y que nos pondría copitas gratis. Me hizo mucha ilusión hablar con ella. Ana y yo nos lo hemos pasado en grande juntos y nos hemos reído infinito en el Lolita varias noches. Me trajo muy buenos recuerdos hablar con ella.

Era la segunda vez que veía a ASH en el arena y la verdad es que no es una sala que les haga justicia. El sonido es bastante mediocre aunque el concierto estuvo muy bien. Era la quinta vez que los veía (dos en el arena, una en la riviera, una en santirock y otra en el corn exchange) y me lo pasé en grande pero tampoco fue nada del otro mundo. Charlotte sigue siendo genial sobre el escenario y además es tan guapa...

Después del concierto fuimos caminando hacia Chueca donde habíamos quedado con Anita (la amiga de Cristina y Juanlu de Troyes) pero por el camino me llamó Patricia que estaba por plaza de España así que la esperamos por Gran Vía ya que ella había quedado en Callao.

Me hizo mucha ilusión verla. Está igual que antes aunque esta vez no llevaba gafas. Me quedé con ella en Callao esperando a que llegaran sus amigos y Cristina y Fernan se marcharon para Chueca.

Nos pusimos al día rapidísimo haciendo especial hincapié en lo laboral y en lo sentimental y enseguida llegaron sus amigos, así que me despedí de ella y me fui hasta Chueca a reenganchar con Fernan y Cristina.

Estábamos los tres con mucha hambre así que nos paramos en una pizzería de la calle hortaleza a comer algo. Nos sentó de maravilla el avituallamiento pues además hacía mucho frío fuera.

Y también debido al frío decidimos cambiar el punto de encuentro con Anita. En vez de vernos en la plaza de Chueca, quedamos en hacerlo en Malasaña, en el electric concretamente.
No tardamos en llegar y al poco apareció Anita con dos amigos suyos (ambos llamados Eduardo) muy majetes.
El rato que echamos en el electric fue genial pues vino mucha gente conocida. Aparecieron Iñaki y Rubén primero, luego Fátima y Gini, luego David (del piso) y de casualidad me encontré al chico de la facultad que veíamos en todos los conciertos que se llama Javi y que ahora toca en un grupo y les va muy bien. Fue muy divertido pues nos reímos todos un montón, bailamos y nos contamos de nuestras vidas.

Mientras bailábamos Cristina me dijo que por favor la acompañara a la calle, que se encontraba mal y que quería salir un rato y así hicimos. Mientras charlábamos pasó por delante nuestra un pijín que recibía explicaciones de sus amigos para encontrarse con ellos en el Morgenstern pero el pobre no sabía ni donde estaba él así que me dispuse a ayudarle:
- Mira, el Morgenstern está en Manuela Malasaña"
- ¿Y cuál es esa calle?
- ¿Pero tú de dónde eres hijo?
- De Majadahonda.
- Uy Cristina. Este es rico. Qué triunfazo.
Pues me parece fatal que siendo de Madrid no sepas donde está Manuela Malasaña. Es una pena que no conozcas la ciudad en la que vives. ¿Cuántos años tienes?
- Más que tú, seguro.
- Uy no, hijo, tanto Cristina como yo somos mayores que tú y tenemos muchas más vueltas que tú.
- No lo creo (yo aquí me quedé loco. Un niñato de Majadahonda tomándome el pelo).
- Pues créelo que nosotros tenemos muchos tiros pegaos.

Al final el personaje en cuestión quedó prendado de Cristina y se acopló con nosotros llegando hasta el electric y pasando de sus amigos y del morgenstern. No sé en qué momento se marchó de allí pero por lo visto estuvo dándole la lata a Cristina un rato largo.

Estuvimos un rato más en el electric hasta que cerraron, momento en que decidimos ir al Nasti (ahora Barbarella los viernes) en el que había una cola considerable.
Estuvimos en la cola un rato largo pero enseguida nos hicimos amigos de los que estaban delante nuestra y detrás. Dos grupos majísimos.
Los de alante venían de Murcia y eran los integrantes de un grupo llamado "Octubre". Tenían un acento cachondísimo y un gusto musical impecable. Nos reímos mucho con ellos. Detrás había un grupo de chicas de Toledo que resulta conocían a Ana y a Sara. Nos reímos también mucho con ellas hablando de lo desquiciada que está la gente en Madrid.

Ya dentro estuvimos bailando al ritmo de la más variopinta selección de canciones y conociendo más gente. Por casualidad acabé hablando con el guitarrista de un grupo granadino llamado "Lory Meyers". Me dijo que habían estado tocando en el Moby Dick junto a "amarillo" y que al día siguiente teloneaban a ASH en Barcelona.

Nos quedamos allí hasta que cerraron y, aunque casi todos los que estaban dentro se iban a otros sitios, nosotros nos marchamos para casa que llevábamos de juerga ya doce horas y yo despierto más de veinticinco.

Nos fuimos para casa dando un paseo y riéndonos muchísimo de lo que había dado de sí la noche, de los personajes que habíamos conocido y de todos los que nos íbamos encontrando por el camino. Me acosté super contento. Daba gusto estar de vuelta en Madrid.

El sábado nos levantamos tardísimo. Hacía un día impresionante así que enseguida nos duchamos y bajamos a la calle. Fernan se quedó en casa durmiendo un poco más y Cristina y yo nos fuimos a pasear por Rosales y el parque de Debod. Había gente tirada en el césped tomando el sol. De nuevo tuve sensación de verano. Que maravilla.

Después del paseo nos fuimos al bar de los bocadillos a tomar el aperitivo. Fue genial volver a ir allí después de tanto tiempo. Me trajo muy buenos recuerdos también. Solía ir mucho con Gini y con Fernan. Nos gusta mucho a los tres. No nos dió tiempo a quedarnos mucho ya que yo había quedado con Azahara para ir a la boda de David a las cuatro y media y se nos había echado el tiempo encima al levantarnos tan tarde.

Azahara llegó muy puntual. Yo me despedí de Cristina hasta la noche y me monté con Azahara en el coche.
Tenía muchísimo sueño pues apenas había dormido cuatro horas pero a la vez mucha ilusión por la boda. De camino a la iglesia, nos pusimos al día sobre lo acontecido en nuestras vidas desde navidades que fue la última vez que nos vimos.

Acabamos perdidos en Algete y yo no hacía otra cosa que reirme pues Pablo y yo siempre bromeábamos con Algete. Que si nos encantaría ir de vacaciones a Algete, que qué marcha hay en Algete, que si en Algete todo es mejor...Me entraron muchas ganas de llamarlo y decirle "adivina donde estoy..." pero no tengo su móvil alemán. Que pena.

Al final y después de mucho preguntar encontramos la iglesia que estaba en una colina muy bonita. Dimos con David casi del tirón. Le dimos un abrazo, charlamos un poquito, le deseamos suerte y ya se metió en la iglesia y detrás de él, todos nosotros.

Al poco llegó Mónica y ya empezó la ceremonia.
Yo estaba un poco sorprendido pues el cura era jovencísimo y decía unas cosas muy raras durante la misa. De hecho yo llegué a pensar por momentos que tenía un poquito de retraso mental. Alguna de las cosas que recuerdo son éstas (palabras del cura): "porque, Mónica, sí, vosotros me decís que llevais muchos años de novios pero ahora cuando te levantes por las mañanas y veas a David con la cara de sueño, dirás: ay, pues no es tan guapo..."o "el matrimonio es para siempre, hay que estar ahí en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en las infidelidades y en las...(en este momento el cura se quedó en silencio, me imagino que al darse cuenta de lo que había dicho) alegrías (esto ya fue el remate. Olé la repetición después de lo de las infidelidades)". Otra cosa que me dejó atónito es cuando animó a todos los asistentes a aplaudir después de que los novios hubieran pronunciado el "sí quiero". Un alucine.

Después de la ceremonia pudimos volver a ver a David, darle la enhorabuena y echarnos unas risas con él sobre la actuación del cura.

Yendo al convite nos volvimos a perder pues empezamos a seguir coches que pensamos tendrían el mismo destino que nosotros y al final empezaron a tomar caminos diferentes. Al final vimos que la dirección del restaurante estaba en la invitación.

Estábamos en la mesa con tres parejas pero como eran alargadas en vez de redondas sólo tuvimos contacto con la pareja que estaba en frente nuestra. Los dos venían de Cuenca, eran amigos de Mónica y parecían majísimos. Estuvimos muy a gusto con ellos.

La comida no tardó en llegar. Estaba todo bastante bueno. Disfruté muchísimo y comí no menos pues además Azahara me dió alguno de sus platos.

Después de cenar, los novios hicieron el tradicional tur por las mesas. Ya estaban los dos más relajados y disfrutando de su gran día.

Ya empezó el baile y las copas. Yo me tomé una y ya decidimos marcharnos no sin antes felicitar de nuevo a los novios.

Azahara tenía a sus amigos por Plaza de Castilla y yo a Fernan y a Cristina en el Tupperware. Bajamos por la Castellana y, para no hacer perdér más tiempo a Azahara, me bajé en Colón dándole las gracias por todo. Desde allí me fui andando hasta Malasaña y por el camino una voz dijo "sí que es, es Iván. Iván...¡Tío!". Yo giré la cabeza y ví a Ósquitar de la facultad. Óscar siempre me ha caído estupendamente pues es un sol de niño. Siempre estaba con la sonrisa, dispuesto a hacer favores a todo el mundo y bromeando con todo. Recuerdo que cuando hacía fotocopias de algo, encargaba muchísimas copias de más y las daba por clase a la gente que todavía no las tenía. Eso me pasmaba. Nos lo pasábamos estupendamente con él. Me contó que había estado trabajando en Alemania y que acababa de volver. Yo le conté lo de Edimburgo y le pedí su email para escribirle con detenimiento pues ambos teníamos prisa. Le dije que me había hecho muchísima ilusión verlo y nos despedimos. En ese momento volví a sentir que todavía soy parte de la ciudad y me fui a Malasaña contentísimo.

No tardé en llegar al Tupper donde estaban Fernan, Cristina, Guzmán y David. Nos tomamos algo allí pero estaba muy lleno así que al poco nos marchamos al Morgenstern que estaba mucho mejor de música, de precio y de gente. Es, sin duda, junto al Moloko uno de mis sitios favoritos de Madrid. El portero nos dijo que cerrarían a las tres y media que ya no se quedan hasta por el día porque se ha corrido mucho la voz y se amontona gente en la puerta delatándolos. Una pena porque es un sitio curiosísimo.

Cuando cerró el Morgenstern donde por cierto escuchamos una deliciosa selección musical, nos marchamos al Tempo en plaza de España del que Javi (el chico de la facultad que nos encontrábamos en todos los conciertos) me había hablado la noche anterior. Cuando llegamos parecía estar cerrado pues todas las luces estaban apagadas pero a Fernando le dió por empujar la puerta y estaba abierta y además, se escuchaba música viniendo del sótano al que bajaban unas escaleras. Nos metimos todos y efectivamente había fiesta montada allí. Me encanta esto de los garitos clandestinos de Madrid.

El sitio era chulo pero la música tampoco gran cosa. No había demasiada gente así que se podía bailar bien y conocí a una pareja de suecos que me cayeron estupendamente. La chica estudiaba diseño en Madrid y él estaba de visita. Ella hablaba español de miedo y le pregunté que si era porque tenía muchos amigos españoles pero contestó que no, que le resultaba un poco difícil hacer amigos en Madrid entonces yo les dije que se unieran a nosotros que éramos todos españoles y que tenían que mezclarse con gente de España. Se integraron estupendamente, especialmente él que bailaba muchísimo y les dí pistas sobre qué hacer en Madrid. No habían ido nunca al rastro ni a la Latina así que les animé a que así hicieran al mediodía el domingo.

No aguantamos mucho en el Tempo pues estábamos todos agotados después de la noche del viernes así que como a las cinco nos fuimos a casa. Allí nos sentamos en el salón a comentar la jugada un poco y ya nos marchamos a la cama.

El domingo había quedado con Dani en el teatro La Latina a las doce y media así que nos tuvimos que poner el despertador para llegar a tiempo. Desayunamos de nuevo en el bar de los bocadillos y ya nos cogimos el metro para allá.
Llegamos tarde al final pero me dió tiempo a tomarme un vermú con Dani y a sentarnos al sol a contarnos. Fue una mañana muy agradable pero me tuve que ir enseguida pues tenía la comida familiar en casa de los bulos. Me dió mucha pena irme pues justo estaba llegando mogollón de gente en ese momento.

Me cogí el tren en Pirámides hasta Majadahonda y allí me recogieron Pitu y Natalie. Llegamos enseguida a casa de los bulos a los que encontré estupendamente. Para comer sólo estábamos Sara, Javier, Pitu, Natalie, los bulos y yo pero a merendar irían todos los demás.
Almorzamos sufflé de queso y carne que estaban buenísimos y luego nos subimos arriba a descansar. Yo me quedé dormido en un sofá en el que daba el sol y me despertó Nini con sus peques. Me hizo muchísima ilusión. Me quedé alucinado de como habían crecido las niñas y de como hablaban ya. Una pasada.
Poco a poco fueron llegando todos los demás y ya se llenó la casa de niños. Echaba de menos ese jaleo y el ver a los bebés nuevos de mis tías. Alvarito, el más pequeño de todos, es un alucine. Cuando lo ví me quedé atónito pues iba vestido con ropa de señor mayor y está gordito. Encima se parece a Tim por lo que me quedé loco. Fue como ver a Tim dentro de una carrito de niño pequeño.
Echamos una tarde divertidísima todos juntos riéndonos y contándonos. En Boadilla siempre se lía. Con Caqui me parto y con la señora Rosaflor también. Menuda es. Que risa.

Ya bien tarde, Luci me llevó a la estación de Pozuelo y de allí cogí el tren a Madrid. Fui para casa de Fernando donde estaban todos y de allí nos marchamos todos a cenar algo. Acabamos en un bar por Fernández de los Ríos que estaba muy acogedor aunque la comida tampoco era gran cosa y después nor marchamos para casa otra vez pues estábamos agotados. Charlamos un ratito y enseguida caímos rendidos.

El lunes nos levantamos tarde otra vez de manera que la mañana sólo nos dió para desayunar tranquilos e ir casi del tirón a llevar a Cristina a la estación de autobuses. Allí nos despedimos con pena y alegría por haber pasado un fin de semana tan divertido, hasta navidades.

Después nos marchamos a casa un rato y al poco me marché a los cines renoir donde había quedado con Sara. No tardó en llegar. Está igual que siempre.
El sitio al que queríamos ir estaba cerrado así que no sé bien por qué, me sorprendió muchísimo, Sara sugirió ir a un Starbucks y allí acabamos contándonos principalmente sobre nuestros trabajos y lo que nos gustaría hacer en el futuro.

Me hubiera gustado quedarme más tiempo con Sara pues nos lo estábamos pasando muy bien pero había prometido a Fernan y a sus compis de piso que cocinaría para ellos esa noche y además quería ir a la abuela Julita. Se me echaba la tarde encima.

Hice compra en Día y en el super del corte inglés para hacer canelones de carne picada, luego fui a casa a dejarlo todo y de ahí a ver a la abuela Julita que está estupenda y que me estuvo contando de su viaje a Italia este verano.

Cociné unos canelones de carne picada que la verdad salieron buenísimos. Lo único malo es que cenamos tardísimo y me dió un poco de apuro pues algunos se tenían que levantar pronto.

La cena nos dejó K.O. de modo que poco a poco nos fuimos yendo todos a dormir.

El martes me levanté pronto pues tenía los vuelos por la mañana. Todo fue estupendamente. Dormí prácticamente todo el tiempo que estuve dentro de los aviones de modo que se me hizo muy llevadero.

A las seis más o menos estaba en casa deshaciendo el equipaje. Al poco llegó Colin y le estuve contando sobre el viaje. Luego nos pusimos a asar unas patatas para la cena y en cuanto estuvieron listas cenamos pues no sabíamos si Ramón venía a cenar. Al final Ramón sí que vino y cenó con nosotros. Le estuve contando del viaje también y ellos a mí sobre lo acontecido en Edimburgo durante el finde.

Antes de acostarme cogí el libro de Albert Camus y noté como me costaba la vida concentrarme al leer en inglés después de tantos días hablando en español...




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