Finde antes de navidades
Ayer le comentaba a Ramón que, aunque tengo muchas ganas de ir de vacaciones a España, me da un poco de rabia que justo vengan ahora. Un momento en que nos lo estamos pasando en grande en Edimburgo. Me gustaría que las vacaciones vinieran en momentos en los que uno realmente las necesita de manera que las cogiera con muchas más ganas.
Recuerdo que cuando fuimos a Grecia, fue un momento en que realmente necesitábamos algo así. Fue una experiencia idónea para el momento de ahí que la vuelta fuera tan dura. Quizá este sea pues, el lado bueno de irse de vacaciones cuando uno todavía no lo necesita, que la vuelta es menos traumática.
Este fin de semana ha vuelto a ser muy agradable y divertido. Hemos hecho muchas cosas y conocido a mucha gente.
El descubrimiento de la posibilidad de montar el cine en casa en mi habitación nos ha llevado a ver dos películas. Una el viernes y otra el domingo. La verdad es que mi cuarto es infinitamente más acogedor que el de Colin y además tiene sofás, que para ver una peli siempre son la mejor opción.
El sábado por la noche fue muy completito. Empezamos Lena, Kate y yo yéndonos a ver a los Rezillos al liquid room. Fue una experiencia super interesante pues yo nunca había visto tanta gente mayor en un concierto de punk. Sin duda alguna se trataba de seguidores originales de la banda. Seguramente, gente que había estado en sus conciertos allá por el 77 y que aún seguía disfrutando de su música. Lena, Kate y yo estábamos completamente fuera de lugar pues la media de edad debería rondar los treinta y muchos años.
A la gente le costó entrar en calor una vez empezado el concierto pero luego se animó muchísimo. Era realmente impactante ver a señores mayores calvitos saltando al ritmo de pildorazos punk. Muy bueno.
El concierto en sí tampoco fue gran cosa pues aunque festivos y bailarines, se nota que los Rezillos ya no tienen la soltura tocando de la que imagino gozarían antaño. Guitarristas que miran a sus instrumentos al tocar es un cosa que queda realmente mal en un escenario. En cualquier caso nos lo pasamos muy bien todos.
Después del concierto nos fuimos a casa a bebernos unos mojitos con Colin y Ramón antes de salir. Salieron buenísimos y se estaba genial en casa calentito, charlando y bebiendo mojito como si fuera verano. Una gozada. Nos reímos mucho todos juntos y al final vencimos la pereza y decidimos ir a bailar al wee red bar.
Allí conocí a una chica irlandesa altísima con look de profesora llamada Mary. Charlamos un rato muy largo alternando la conversación con baile y acabé preguntándole si no le importaba apuntar mi teléfono ya que yo no llevaba el mío y aceptó.
Sin tener intención ninguna de ello, acabé actuando como los don juanes de las películas. Lo primero que le dije en toda la noche fue "¿eres profesora?" que ya suena bastante a gigoló y luego le dije "¿te importa apuntar mi teléfono?" que ya fue el remate. Cuando me paraba a pensarlo me hartaba de reir.
Al final, Mary, ni corta ni perezosa se lanzó a darme un beso en los labios lo cual me dejó sorprendido y alegre al mismo tiempo. Que chica más moderna y espontánea pensé...
Cuando el wee red bar cierra todo el mundo se queda en el jardín de fuera charlando y hay un ambiente estupendo pues todo el mundo tiene ganas de juerga y anda un poco piripi así que hay mucha interacción, risas y demás. Es divertidísimo.
Ahí fue donde ví a Abdul, el cajero del Iceland de Easter Road que también me reconoció a mí así que estuvimos charlando y riéndonos también con sus amigos. Acabó anotando mi teléfono y diciéndome que me llamaría para alguna cena que organizaría en su casa. Me pareció una idea estupenda.
Una vez más comprobé lo fácil que es acercarse a la gente en Edimburo y como vuelan los números de teléfono. Es algo realmente impactante sobre todo para mí que estoy acostumbrado a la desconfianza y el shock que experimenta la gente de Madrid cuando algún desconocido se acerca a hablar con ellos.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home