Detalles que se me olvidan
Hoy voy a aprovechar este post para escribir sobre algunos detalles que se me ha olvidado comentar en entradas anteriores.
El viernes cuando fuimos al teatro y cogimos la ficha de la obra con el reparto, la sinopsis, precios de las butacas y demás, me quedé muy sorprendido pues leí lo siguiente:
- Precio para desempleados: £1.
- Miércoles 19. Mesa redonda y debate sobre la obra con todo el reparto tras la función.
- Jueves 27: representación audio-descrita para ciegos.
- Sábado 29: familiarización táctil con el decorado y atrezzo para ciegos antes de la representación.
- Martes 1: Representación con intérpretes de lengua de signos para sordos.
Esto me pasmó y me pareció una idea estupenda que pensé debía comentar aquí.
No he ido mucho al teatro en España pero nunca he tenido noticia de que se llevaran a cabo estas cosas. Desde luego lo del precio especial para desempleados seguro que no existe. Encima aquí, el teatro es más barato que en Madrid, igual que los discos, los libros y en muchos casos el alquiler de los pisos. Curiosidades...
El martes quedé con Ana para tomar algo y estuvimos comentando nuestras vacaciones en España y cómo habíamos visto nuestro país en todos los aspectos. A este respecto, yo le hablé de dos situaciones bastante desagradables que había experimentado (una en Madrid y otra en el Puerto) y que se me olvidó comentar en el post correspondiente.
Una noche, estaba en casa de los bulos en Boadilla con Fuco y le propuse que nos fuéramos al cine a ver los increíbles a lo que él accedió encantado así que nos fuimos al cine más cercano donde la ponían. Éste está en un centro comercial en Majadahonda así que allí fuimos.
Yo estaba tranquilo pues era domingo por la noche e intuí que no habría mucha gente pero no pude haberme equivocado más. El parking estaba abarrotado y el centro comercial a rebosar. Las tiendas obviamente estaban cerradas así que el barullo no se debía a las compras navideñas, tampoco se debía al cine pues nos hicimos con nuestras entradas en un santiamén sino a los negocios de hostelería que había allí montados. La gente apelotonada en un patio enorme nada acogedor en el que la música atronaba, tomando perritos calientes, hamburguesas, pollo frito, vasos de refrescos de más de medio litro y semejantes y encima haciendo cola para hacerse con todo ello. Yo estaba alucinando. La gente sale de su casa en pleno invierno para meterse en un sitio así, esperar para encontrar sitio, gastarse el dinero y comerse un perrito caliente con tres cuartos de litro de coca-cola de grifo. Y mientras tanto, el centro precioso, con el alumbrado navideño, desierto, lleno de huecos para aparcar y repleto de sitios tradicionales en los que comerse un bocadillo de calamares, una ración de lacón a la gallega y unas cañas de mahou. Desde luego que vamos de mal en peor. Perdemos nuestra identidad por completo para hacernos con una que no nos va nada. No me gusta pensar que España es paleta. Me duele.
En el Puerto algo semejante. Me quedé muy sorpendido paseando por el centro al ver la cantidad de bares nuevos que han abierto. Todos muy bien puestos, muy monos, con maderas nobles y estilo rústico-pijo llenos de gente intentando aparentar tener el nivel que el bar trata de imponer. Un horror vamos porque en vez de tratar de abrir algo nuevo que el Puerto no tenga, se trata de imponer un estilo que al Puerto no le va y que nunca le fue (no sabemos en el futuro) de manera que quede sustituido el tradicional. Se pierde el bar auténtico de pescado frito, raciones gigantescas y tapas que vienen con las cañas, en el que está la madre de la familia en la cocina, el padre en la barra y los hijos de camareros por tabernas pijas donde tienen una exquisita selección de vinos de rioja, tostas de jamón serrano, ensaladas de pimientos del piquillo con lomos de ventresca y demás. Y lo peor de todo es que la gente va y casi paga lo mismo por una caña y una pulguita de anchoas con queso que lo que pagaría en el bar de siempre por haber comido mejor que bien y volver a casa con el saborcillo del tocino de cielo hecho en casa que por supuesto no tienen en la taberna pija. Una pena.
Quizá por estar en el extranjero, me doy más cuenta de esta pérdida de identidad de los sitios, de la cultura española al fin y al cabo. Tenemos tantas cosas tan buenas en España y muchas veces no nos damos cuenta de modo que no las aprovechamos tanto como deberíamos y poco a poco se van perdiendo sin que nos demos cuenta.
Ayer también, estuve en el cine viendo una película que refleja fielmente la típica familia de clase media en el Reino Unido en los años cincuenta y nada tiene que ver con el concepto de familia que nos dejaron los romanos en España, que todavía perdura y del que debemos estar más que orgullosos.
El viernes cuando fuimos al teatro y cogimos la ficha de la obra con el reparto, la sinopsis, precios de las butacas y demás, me quedé muy sorprendido pues leí lo siguiente:
- Precio para desempleados: £1.
- Miércoles 19. Mesa redonda y debate sobre la obra con todo el reparto tras la función.
- Jueves 27: representación audio-descrita para ciegos.
- Sábado 29: familiarización táctil con el decorado y atrezzo para ciegos antes de la representación.
- Martes 1: Representación con intérpretes de lengua de signos para sordos.
Esto me pasmó y me pareció una idea estupenda que pensé debía comentar aquí.
No he ido mucho al teatro en España pero nunca he tenido noticia de que se llevaran a cabo estas cosas. Desde luego lo del precio especial para desempleados seguro que no existe. Encima aquí, el teatro es más barato que en Madrid, igual que los discos, los libros y en muchos casos el alquiler de los pisos. Curiosidades...
El martes quedé con Ana para tomar algo y estuvimos comentando nuestras vacaciones en España y cómo habíamos visto nuestro país en todos los aspectos. A este respecto, yo le hablé de dos situaciones bastante desagradables que había experimentado (una en Madrid y otra en el Puerto) y que se me olvidó comentar en el post correspondiente.
Una noche, estaba en casa de los bulos en Boadilla con Fuco y le propuse que nos fuéramos al cine a ver los increíbles a lo que él accedió encantado así que nos fuimos al cine más cercano donde la ponían. Éste está en un centro comercial en Majadahonda así que allí fuimos.
Yo estaba tranquilo pues era domingo por la noche e intuí que no habría mucha gente pero no pude haberme equivocado más. El parking estaba abarrotado y el centro comercial a rebosar. Las tiendas obviamente estaban cerradas así que el barullo no se debía a las compras navideñas, tampoco se debía al cine pues nos hicimos con nuestras entradas en un santiamén sino a los negocios de hostelería que había allí montados. La gente apelotonada en un patio enorme nada acogedor en el que la música atronaba, tomando perritos calientes, hamburguesas, pollo frito, vasos de refrescos de más de medio litro y semejantes y encima haciendo cola para hacerse con todo ello. Yo estaba alucinando. La gente sale de su casa en pleno invierno para meterse en un sitio así, esperar para encontrar sitio, gastarse el dinero y comerse un perrito caliente con tres cuartos de litro de coca-cola de grifo. Y mientras tanto, el centro precioso, con el alumbrado navideño, desierto, lleno de huecos para aparcar y repleto de sitios tradicionales en los que comerse un bocadillo de calamares, una ración de lacón a la gallega y unas cañas de mahou. Desde luego que vamos de mal en peor. Perdemos nuestra identidad por completo para hacernos con una que no nos va nada. No me gusta pensar que España es paleta. Me duele.
En el Puerto algo semejante. Me quedé muy sorpendido paseando por el centro al ver la cantidad de bares nuevos que han abierto. Todos muy bien puestos, muy monos, con maderas nobles y estilo rústico-pijo llenos de gente intentando aparentar tener el nivel que el bar trata de imponer. Un horror vamos porque en vez de tratar de abrir algo nuevo que el Puerto no tenga, se trata de imponer un estilo que al Puerto no le va y que nunca le fue (no sabemos en el futuro) de manera que quede sustituido el tradicional. Se pierde el bar auténtico de pescado frito, raciones gigantescas y tapas que vienen con las cañas, en el que está la madre de la familia en la cocina, el padre en la barra y los hijos de camareros por tabernas pijas donde tienen una exquisita selección de vinos de rioja, tostas de jamón serrano, ensaladas de pimientos del piquillo con lomos de ventresca y demás. Y lo peor de todo es que la gente va y casi paga lo mismo por una caña y una pulguita de anchoas con queso que lo que pagaría en el bar de siempre por haber comido mejor que bien y volver a casa con el saborcillo del tocino de cielo hecho en casa que por supuesto no tienen en la taberna pija. Una pena.
Quizá por estar en el extranjero, me doy más cuenta de esta pérdida de identidad de los sitios, de la cultura española al fin y al cabo. Tenemos tantas cosas tan buenas en España y muchas veces no nos damos cuenta de modo que no las aprovechamos tanto como deberíamos y poco a poco se van perdiendo sin que nos demos cuenta.
Ayer también, estuve en el cine viendo una película que refleja fielmente la típica familia de clase media en el Reino Unido en los años cincuenta y nada tiene que ver con el concepto de familia que nos dejaron los romanos en España, que todavía perdura y del que debemos estar más que orgullosos.

1 Comments:
¡Qué día de diario más bien contado!. ¡Qué razón tienes! aunque ya comentamos algo de ello cuando estuviste aquí. Hoy ya he empezado a estudiar un potito, es tremendamente aburrido y además no estoy muy católica, espero que no sea la gripe. El gordi está malo, pero lo peor de todo es lo que se aburre cuando está en casa. Muchos besitos.
January 20, 2005 1:05 PM
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