Dándole vueltas
Esto de no tener que usar el coco en el trabajo le da a uno mucho tiempo para pensar en otras cosas y yo ahora que estoy que no sé hacia donde tirar empiezo a plantearme cosas como dar la vuelta al mundo en más o menos un año.
No me concentro en nada, se me pasan las mañanas volando leyendo sobre la India, Nepal, Vietnam, Laos, Camboya, China, Japón o Indonesia. No paro de darle vueltas a la idea. Miro y remiro billetes de avión, páginas de embajadas y consulados, diarios de viaje de gente que anda en viajes similares y no hago más que motivarme.
A la vez soy muy consciente de las consecuencias del viaje como quedarme sin absolutamente nada en medio del Himalaya, enfermar en algún sitio inhóspito, no tener ni un duro al volver, tener que afrontar la búsqueda de empleo tras haber pasado un año sin trabajar, gastarme seguramente todos mis ahorros que bien podría utilizar en una entradita para una casa, vivir dos años más o menos holgado o poder permitirme pequeños viajecitos en vez de uno largo...
Me imagino que una decisión como esta no se toma a la ligera (¿o sí?) y hay que darle muchas vueltas antes. La mayoría de las veces pienso que si me lo planteo, debería llevarlo a cabo, sacarme los billetes cuanto antes y empezar a organizarme desde ahí.
Quizá este fin de semana me haga con un mapa grande del mundo para colgar en mi cuarto y poner chinchetas en todos los sitios a los que me gustaría ir que por ahora son Turquía, Siria, Jordania, Egipto, India, Nepal, Tailandia, Vietnam, Laos, Camboya, Japón, China, Australia, Indonesia, Nueva Zelanda, Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, México, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Kenya y Sudáfrica.
En verdad, como me dice mi madre, en una vida hay tiempo de sobra para visitar todos esos países pero la idea de marcharme solo un año me atrae mucho y creo que podría aprender muchísimo de toda la gente que me encontrara y por supuesto de mí.

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