Tuesday, November 30, 2004

Las elecciones de la gente

Ayer cuando volvía del trabajo, ví que un coche me daba las luces contínuamente hasta que finalmente descubrí que era Stavros que estaba contentísimo pues se acababa de comprar el susodicho.

Me dijo que me montara y que iríamos con Evi y con Giorgos a dar una vuelta y a tomar algo y así hicimos. Cuando supe nuestro destino aluciné. Íbamos al ocean terminal, a un centro comercial. ¿A quién se le ocurre ir a tomar algo a un centro comercial?. Es sin duda, una idea muy propia de Stavros, que cuando tiene visitas las lleva de compras a grandes centros comerciales en vez de enseñarles la ciudad.

Es la segunda vez este mes que me sorprendo con las elecciones de mis amigos sobre los sitios donde ir a tomar café. Cuando estuve en Madrid y quedé con Sara, ella sugirió que fuéramos a un Starbucks. También aluciné pues al comunicarle mi indiferencia sobre el sitio al que ir, lo hice confiando en que seleccionaría alguno de mi agrado pues siempre hemos coincidido en ese aspecto, pero visto está que ya no.

Es tan fácil cuando sabes que tienes gustos comunes con la gente con la que sales. A veces, de hecho, he optado por no salir con mis amigos debido al sitio al que habían decidido ir y de la misma manera he salido con gente que no conocía mucho porque iba a sitios de mi agrado.

Por la noche llamé a Uli con la intención absoluta de dejar las cosas claras y zanjar definitivamente el tema pero acabamos convenciéndonos de que esto sólo había sido un bache y que no debíamos rendirnos tan fácilmente. Yo no sé qué pasa cuando hablamos que no nos podemos poner serios y acabamos riéndonos de modo que se hace difícil tomar ninguna decisión. De alguna manera Uli es para mí como una droga: me hace reir y me pone de buen humor. Una cosa muy rara...

Monday, November 29, 2004

Segundo finde en Londres

Sabía que este fin de semana iba a ser interesante. No tenía ni idea de lo que iba a pasar, ni de las cosas que iba a hacer, ni de la gente que me iba a encontrar y finalmente ha sido todo un éxito. Me alegro mucho de haber ido.

Cuando llegué a King´s Cross, después de un viaje que transcurrió sin pena ni gloria, me encontré a Miri, Diego y Eva y a escasos diez metros de ellos a Uli a la que dí sus cosas quedando en llamarla al día siguiente.

No sé cómo surgió, ni por qué pero el caso es que desde el primer momento me sentí más que a gusto con Eva, Diego y Miri. Con Diego sólo había estado una vez en nochevieja, a Eva no la había visto nunca y aunque Miri y yo sí tenemos buenos amigos en común, nos conocemos desde hace relativamente poco.

La noche del viernes la pasamos en casa con los compañeros de piso de Miri que también han resultado ser majísimos y muy hospitalarios. Me impactó un poco el hecho de que fueran todos españoles y todos de Madrid. Antes de venir al Reino Unido pensé que los españoles que aquí me encontraría serían gente afín a mí, gente que habría venido buscando lo mismo que yo pero hasta ahora no ha sido así en absoluto.
Ninguno de los compañeros de piso de Miri había venido buscando ampliar sus perspectivas profesionales, ni se había involucrado seriamente en el aprendizaje del inglés, ni en el conocimiento de la cultura británica ni en la de otros países, ni había aprovechado para viajar dentro ni fuera del Reino Unido.
Comentaba con Eva que la mayoría de gente de Madrid que viene al Reino Unido quizá busque más la independencia y la emancipación que las cosas que he enumerado antes que quizá formen parte de una segunda fase.

Tras pasar la noche todos juntos y preguntar acerca de la vida en Londres volví a sorprenderme al darme cuenta de que tanto Miri como sus compañeros afirmaban convencidos estar contentísimos de estar viviendo allí. De nuevo ví que nuestras inquietudes son completamente diferentes y que llevando la vida que ellos describieron, yo no estaría satisfecho. Pienso que Londres tiene que ser una ciudad con infinidad de rincones que descubrir, gente que conocer y oportunidades, de la más diversa índole, que aprovechar.

El sábado pasamos la mayor parte del día en Candem Town. Yo había estado con Uli pero fue interesante ir una segunda vez. Quizá lo más sorprendente fue una tienda de ropa muy grande en la que había un dj y un go-go y los dependientes parecían sacados de tokyo a juzgar por sus modelitos. La música atronaba allí dentro.
También me gustaron los colores de la infinidad de puestos de comida de tantos países que había.
En cualquier caso, había muchísima gente y las masas y las tiendas no son mis favoritos. El paseo por las calles del barrio fue chulo pues las tiendas son casitas de colores con las fachadas decoradas y hay un canal cruzando por allí que es curioso.

Antes de salir, estuvimos descansando un rato en casa y charlando un rato más sobre algo que no recuerdo. Más que el tema de la conversación, recuerdo la dinámica de ésta: muchas palabras, dichas muy alto, muy rápido y con poco espacio para la participación de todos. No es de mis favoritas.

Por la noche estuvimos en un club llamado Garage en el que escuchamos una selección bastante obvia de música fundamentalmente británica. Me recordó mucho a lo que solemos escuchar en Edimburgo en el Citrus. Alegraron mis oídos los buzzcocks, undertones, jam o rem y sonaron por enésima vez strokes, franz ferdinand, pixies, blur u oasis. Bailamos mucho pero eché de menos descubrir canciones nuevas y de procedencias diversas. Creo que el Reino Unido es especialmente proteccionista en ese aspecto. No suena casi nada americano y Estados Unidos es sin duda un foco importantísimo de bandas de pop y rock cantado en inglés.

Dentro del garage charlé con Eva sobre lo perdida que está la gente de nuestra edad hoy en día, la solución a esa incertidumbre, las diferencias entre nuestra generación y las previas, la vida en ciudades grandes y pequeñas... Sin duda fue la conversación más interesante del fin de semana y de las que he mantenido en español estos últimos meses. Ví que teníamos muchos puntos de vista comunes y que los dos habíamos descubierto más o menos recientemente nuestra afición a la fotografía urbana. Quedé en mandarle las fotos que, dentro de este estilo, he hecho este año en París, Berlín, Copenhague y Estocolmo.

El domingo quedé con Uli. Me acompañaron Miri y Diego y en cuanto ella llegó, me despedí de ellos agradeciéndoles lo bien que se habían portado conmigo. La verdad es que unos soles y Eva lo mismo.

Hablamos sobre lo ocurrido estos meses en la distancia sin terminar de dejar nada demasiado claro. Me hizo ilusión verla pero a la larga creo que es una persona que me daría más disgustos que alegrías por lo que separarnos sea seguramente lo más sensato que podamos hacer.

Cuando llegué a casa encontré tortilla de patata hecha por Colin y canelones hechos por Ramón (no daba crédito). Comenté el fin de semana primero con Colin y luego hablé con Ramón del incidente con la tortilla el jueves pasado. No nos llegamos a entender (una vez más) pero me quedé tranquilo al saber que este tema ya es agua pasada.

Friday, November 26, 2004

Thanksgiving

Ayer fue el día de acción de gracias y Mary lo celebraba en su casa dando una cena para alrededor de veinte personas.
Yo no tengo especial interés por la cultura norteamericana pero esto del día de acción de gracias me parece una tradición muy bonita.

Cuando todo el mundo tiene su plato de comida servido ha de decir algo por lo que está agradecido y eso va mucho conmigo. Con frecuencia me paro a pensar sobre lo afortunado que soy y ello me da optimismo, buen humor y me mantiene alegre.

Cuando llegué del trabajo, me puse enseguida a preparar una tortilla para hacerme bocadillos para el tren a Londres y cuando estuvo terminada, la guardé en el horno y me puse a hacer la maleta.

Como a las ocho me marché a casa de Mary con lo que quedaba de la tarta de queso que hice el lunes pues me dijo que sería de gran ayuda si pudiéramos ayudarla llevando algo de comida.

La nacionalidad mayoritaria en la cena era la francesa. La verdad es que los frenchies son unos tipos muy enrollaos aunque al principio parecen un poco independientes. Me estuve riendo muchísimo con Jérome recordando el frío que pasamos el sábado por la noche viniendo de la fiesta con los pingüinos atacándonos en Lothian Road.
Luego también hablé mucho con Andrew (uno de los chicos tímidos que vinieron al Citrus el miércoles con nosotros) y me pareció un tipo majísimo. Aunque parece americano es escocés y aunque parece que tiene veintipocos años, tiene dieciocho. Eso me sorprendió mucho.

La sobremesa transcurrió entre charlitas y risas (de esto último principalmente con Monica que definitavente está loca) y cuando me entró sueño me fui a casa.

Cuando llegué ví que Ramón se había comido un cuarto de la tortilla. Me sentó muy mal porque una cosa es que yo haga cena para todos y nos sentemos y la disfrutemos juntos y otra muy distinta es que deje comida hecha para mi viaje a Londres y que desaparezca. Sé que no tiene malas intenciones, que es pura inocencia pero es que encima ni se acordó de mandar un mensaje para preguntar si se la podía comer o para dar las gracias por el detalle o decir lo buena que estaba. Creo que ya hemos llegado al punto donde se cree que lo de encontrarse comidita hecha en casa es algo normal y eso no puede ser.

Eso es algo que me afectó ayer, especialmente tratándose del día de acción de gracias donde mi discurso de agradecimiento consistió básicamente en decirle a Mary que era fantástico cuando alguien cocinaba para tí.

Porque nosotros tenemos mucha clase

Me encanta cuando la gente piensa que vengo de una familia adinerada. Me pasó hace poco en una fiesta y en el cole me pasaba a menudo. Recuerdo que mi madre nos decía que eso era porque éramos muy educados y teníamos mucha clase. La verdad es que lo tengo clarísimo porque cada vez que yo me encuentro alguien así pienso que tiene mucho dinero.

El miércoles Sophie nos invitó a Ana y a mí a cenar a su casa. Compramos una botellita de vino y nos plantamos allí. Llegamos de los primeros. Fuimos al final siete y no conocíamos a nadie. Había dos chicas de Kenia, una de ellas super dulce y pija como ella sola y otra menos fina y menos pija y dos chicos escoceses con acento finísimo inglés también pijísimos. Las chicas me parecieron tener más clase que los chicos pues éstos no pararon de hablar dejando poco espacio para una conversación con participación de todos. Además la mayoría de las cosas que comentaban consistían en vivencias suyas que les atribuían su condición de adinerados.

Y Ana y yo allí rodeados de gente rica encajando perfectamente en el cuadro. Y eso, porque somos muy educados y tenemos mucha clase.

Me encantó lo que nos contaron las chicas de Kenia sobre la migración de las cebras. Dicen que hay un momento del año en que llega una manada enorme de cebras corriendo por la sabana y de repente se encuentra con el reto de cruzar un río caudaloso lleno de cocodrilos. Al parecer, la manada se para a la orilla del río hasta que una cebra loca decide cruzar y echar a nadar. En ese momento todas las demás la siguen y los cocodrilos se acercan corriendo a devorar a las más débiles. Comentaban que es una alegría ver a las cebras llegar a la otra orilla pero una pena verlas morir en boca de los cocodrilos.

También nos contaron que es una pena cuando llega la estación seca y los hipopótamos se quedan (con cada vez menos agua) metidos en el barro para estar fresquitos y húmedos con la esperanza de que vuelvan las lluvias. Sophie dice que los ves día tras días metidos mirándote con pena. Algunos aguantan hasta que llegan las lluvias y otros no.

Me pareció sin duda lo más interesante de la noche junto con las fotos de la boda de la hermana de Sophie. Era una pasada ver a la gente vestida de verano, cenando en un jardín precioso y de fondo toda la sabana. Era un auténtico shock pues podía ser cualquier boda española pero cuando veías el fondo de las fotos alucinabas.

Después de la cena estuve comentando un poco la jugada con Ana y riéndonos un poco de la pija que parecía ciega pues cerraba los ojos cuando te hablaba y de los dos pijos escoceses con acento fino inglés.

Cuando llegué a casa no tenía nada de sueño y me apetecía salir así que mandé un mensaje a Lena que me dijo que iban al Citrus. Me pareció una idea estupenda así que quedé en recogerlas en casa de Mary donde estaban también Julien y dos chicos tímidos llamados Andrew y Alain.

Esta vez el sitio estaba mucho más animado que cuando fui con Manolo. La música era bastante buena así que estuvimos bailando al ritmo de The Hives, Stones Roses, Pixies, James, Inspiral Carpets, The Cure, The Coral, The Jam...Un gustazo la verdad, aunque todo es demasiado británico. Echo de menos Malasaña y la variedad que allí uno puede encontrar.

Había un chico que me sonaba muchísimo pero no sabía de qué. Su modelito era el más chulo del garito así que pensé que a lo mejor lo había visto tocando en algún sitio y se lo pregunté. Me dijo que no, que él también me había reconocido. Que trabajaba en la universidad también y que había venido varias veces a recoger portátiles. Estuvimos charlando un poco y la verdad es que el tipo era majísimo.

La vuelta a casa fue una maravilla pues hacía una noche buenísima y no había casi nadie por la calle. Fue una gozada pedalear despacito por los meadows después de haber estado bailando y cenando en casa de Sophie. Una tarde muy completa.


Swing dance. Lección dos.

El martes tuvimos Ana y yo la segunda lección de Swing. Esta vez éramos muchas más parejas pero sin embargo yo disfruté más que en la primera.

Estuvimos aprendiendo un paso ligeramente más básico que el del primer día que responde al canturreo "rock step, triple step, triple step". Es un compás de seis por ocho en vez de un ocho por ocho.

Esta vez bailamos con música bastante tiempo y esa fue sin duda la parte más guay. Es super dinámico porque vas bailando con unos y con otros y vas viendo quién controla mejor de manera que puedes fijarte y aprender de ellos además de de los profesores.

La chica española que también va a las clases llevaba una camiseta del felipop así que en cuanto terminó las clases le pedí el teléfono para quedar un día con ella e intercambiar discos. Estoy seguro de que le gusta más o menos la misma música que a mí.

Tras las clases estuve tomando algo con Ana en el bongo café. Me estuvo contando sus vacaciones en París que ha disfrutado a lo grande y yo a ella las mías en Madrid y la movida con Uli. A veces se me hace raro que estuviéramos viviendo juntos y compartiendo tanto y que ahora tengamos vidas completamente independientes que sólo coinciden los martes por la noche para las clases de swing.

Cuando llegué a casa me encontré todo encendido: calefacción, luces, música pero no había nadie. Me pareció rarísimo. Pensé que Colin y Ramón habrían ido a alquilar una película pero no, habían ido a comprar pizzas precocinadas pues tenían muchísima hambre y pocas ganas de cocinar. Visto está que si no se encargara de la cocina y la compra un servidor, nuestra casa iba a ser víctima de los takeaways, los congelados y la cocina con microondas.

Fin con Uli

Ya llevaba un tiempo con la mosca detrás de la oreja debido a la actitud que Uli estaba mostrando en sus cartas, sus mensajes y por teléfono. Estaba muy sosa y poco expresiva. Hasta ahora lo estaba atribuyendo a la situación por la que está pasando. Terminar el proyecto fin de máster, su trabajo y todo lo que hace como freelance pensaba que era la razón. No quería hablar con ella del tema hasta que nos viéramos pero el lunes ya no pude aguantar más. Le escribí un email que contestó con especial apatía así que decidí llamarla por teléfono por la noche.

La conversación que tuvimos dió lugar a la decisión, más o menos mutua, de dejarlo pero viéndonos igualmente en Londres este fin de semana. Yo aún no tenía claro si quería pasar el fin de semana con ella. Sabía que quería verla para aclarar las cosas pero no todo el fin de semana así que me puse en contacto con Miri que me dijo que no había ningún problema si me quedaba en su casa.

Finalmente he decidido quedarme en casa de Miri y ver a Uli el sábado por la tarde.

Lo único que quiero aclararle es que me parece muy cutre la manera en que me ha hecho entender que no quiere seguir con esto. Es obvio que la distancia iba a acabar separándonos pero hay tantas formas de decir la misma cosa...

Thursday, November 25, 2004

Después de Madrid, llegó la calma

Es increíble como cambia el concepto de ajetreo, fiestecitas, salidas y demás de España a Escocia. Si en Edimburgo llegamos a casa pasadas las cuatro ya lo considero una noche muy completita. En Madrid llegar a casa a las cuatro lo describiría como "salir a tomar algo y volver pronto".
Los días posteriores a las vacaciones en Madrid no han estado nada mal. Especialmente el fin de semana.

El día siguiente a la vuelta de Madrid, me lo tomé con mucha calma. Todavía tenía mucho sueño atrasado. Después de trabajar me fui al Lidl a hacer comprita y luego enseguida para casa. Por lo visto había fútbol así que mientras Colin y Ramonchi lo veían, preparé arroz dulce que entró de maravilla. Después de un rato de sobremesa, me metí en la ducha y de ahí directo a la cama.

Al día siguiente quise dejar todo preparado para la visita de Pitu de modo que no tuviera que perder tiempo con tareas domésticas. Nada más llegar del trabajo, me puse a cocinar una fuente enorme de canelones de carne. Me llevó un rato largo pero me ponía de buen rollo nada más que de pensar lo bien que iban a entrar al día siguiente y lo contento que se iba a poner Pitu de encontrar comida rica en casa del primo de Edimburgo.

A mí me parece fundamental que cuando uno va a tener visita, se preocupe de hacer sentir a sus huéspedes lo más cómodo posible y ahora que todavía no nos importa mucho dormir en sofás, colchonetas o camas compartidas, esto se traduce en que no pasen hambre.

Cuando terminé de cocinar los canelones ya casi era la hora de la cena así que me puse manos a la obra para hacer una tortilla que salió bien rica. Cenamos los tres estupendamente y al poco nos acostamos.

El viernes sólo trabajé medio día, fue genial dejar la oficina a las doce y encontrar un sol radiante fuera. Hacía muchísimo frío, eso sí, pero una luz muy bonita y la ciudad estaba además muy animada.

Calculaba que Pitu llegaría sobre la una así que me fui a casa a dejar la bici y de ahí me marché caminando a Waverley Station. Pitu y yo llegamos casi sincronizados. Me hizo mucha ilusión verlo. Me pareció un gesto bonito de su parte el venir a Edimburgo.

Le pregunté qué quería hacer, si dar un paseo primero o ir directamente a casa a comer y me dijo que tenía muchísima hambre pues se había levantado muy temprano y no había comido casi nada. Decidimos pues marcharnos a casa. Yo me callé lo de los canelones y una vez dejamos su equipaje en mi cuarto y le enseñé la casa, le mostré la bandeja. Me preguntó que qué era y cuando se lo dije se puso muy contento.

Al poco estábamos los dos pegándonos un festín magnífico que nos dejó completamente K.O. así que nos fuimos al sofá y al poco caímos dormidos.

Cuando nos despertamos ya era casi la hora de marcharse al concierto de dEUS así que nos duchamos rápido, nos vinieron a recoger Lena y Kate y nos fuimos hacia el liquid room.

Al entrar vimos que no había demasiada gente, se estaba muy bien. Me encontré a Teña que andaba en primera fila guardando sitio para no perder detalle. Me dijo que se había enterado de rebote del concierto y que le gustaban muchísimo dEUS. Me hizo mucha ilusión verla.
Yo pensé que la cosa se mantendría igual de gente pues incluso durante la actuación de los teloneros el número de asistentes no cambió. Sin embargo, en cuanto éstos terminaron su show ya se empezó a llenar la sala.

Yo nunca había visto a dEUS en directo pero tenía un recuerdo estupendo de un trocito de un concierto suyo que ví por la tele y por eso decidí ir a verlos. Cuando empecé a hacerme con discos suyos las semanas previas al concierto pensé que el grupo no era para tanto y no entendí bien por qué me gustó aquel concierto que ví en la tele pero en cuanto salieron al escenario y empezaron a tocar, aluciné.
Empezaron con una canción del más puro estilo folk-pop acústico que me resultó más que agradable. La iluminación era estupenda. Muy muy escasa, casi todo oscuro y unos pequeños haces por detrás que sólo dibujaban las siluetas de los componentes. Esta canción que empezó muy acústica terminó con un derroche eléctrico importante pero no pesado. No creo que el susodicho durara más de un minuto. Poco a poco fueron caldeando el ambiente tocando canciones cada vez más eléctricas con partes realmente noise que funcionaban a las mil maravillas. Yo estaba disfrutando de lo lindo y Pitu al parecer también, lo cual me alegraba mucho. Terminaron con mi favorita del disco que tengo, que tiene unos sonidos de violines distorsionados alucinantes y yo me quedé más que satisfecho. Una auténtica pasada. Sin duda volveré a verlos la próxima vez que toquen por aquí.

Después del concierto nos marchamos a casa a cenar. Allí terminamos con la fuente de canelones y luego decidimos ir a Black Bo´s a tomarnos una pinta. Ramón se apuntó.

Como Pitu no bebe cerveza, cogimos dos botellas pequeñitas que tenemos y las llenamos de ron. Fue muy divertido pedir cerveza para Ramón y para mí y cocacolita para el peque que luego acababa mezclándola con ron.

Nos quedamos allí charlando hasta que cerraron y en cuanto llegamos a casa nos fuimos a dormir.

El sábado nos levantamos tardísimo. Pitu porque había madrugado muchísimo el día anterior y yo porque todavía arrastraba la paliza de Madrid.
Hacía un día precioso así que desayunamos algo y nos marchamos enseguida a dar un paseo. Yo me imaginaba que Pitu tampoco es una persona que disfrute viendo la arquitectura de una ciudad así que lo llevé a los sitios más pintorescos dentro de lo que es el centro de modo que tampoco tuviéramos que caminar mucho. Hacía un frío pelón. Horrible. Llegó un punto en que empezaron a dolerme los dientes y todo. Nunca había sentido algo así.
Ya de vuelta a casa, paramos en el Lidl a comprar pollo para cocinarlo en salsa para la cena.
Salió buenísimo. Nos lo comimos con muchísimas ganas pues no habíamos almorzado.

Por la noche habíamos quedado con Mary, Lena, Kate y Monica para ir a una fiesta de un amigo de Mary en nada menos que Moray Place. Mi sitio favorito de Edimburgo. Me apetecía muchísimo conocer el piso. Mary nos había dicho que era enorme.
Llegamos los primeros y Julien (que así se llamaba el amigo de Mary) nos estuvo enseñando la casa. Era enorme. Tenía dos pisos cada uno con una superficie (yo calculo) de ciento ochenta metros cuadrados. Una pasada. Había de hecho dos escaleras para conectar ambas plantas, una en cada extremo de la casa. Al final nos quedamos en la habitación de Julien que era donde iba a tener lugar la fiesta.
Poquito a poco ya fue llegando la gente y ya empezó la interacción. Me encanta esto de las fiestas en Edimburgo. Al final de la noche has hablado, aunque sea sólo un poquito, con todos los asistentes.
Conocí a tres chicos de Oarkney que eran la risa. Normalmente, en las fiestas a las que vamos hay tantos escoceses como gente de cualquier otro país de Europa. En esta había tres y los tres eran de las islas Oarkney. Nunca había charlado antes con alguien de Oarkney. Les estuve preguntando cosillas sobre la vida allí y pidiéndoles que imitaran acentos cerrados. Nos lo pasamos muy bien. El resto de la noche anduve charlando con más gente y riéndome con Pitu, Ramón y las niñas.

Llegó un momento en que Monica desapareció pero nadie se dió cuenta hasta que volvió con una cacerola en la cabeza, dos tapas de otras dos cacerolas atadas a las rodillas de modo que quedaban la una enfrentada a la otra y un tenedor en la mano. Yo me quedé de piedra y más aún cuando empezó a golpear la cacerola que llevaba en la cabeza con el tenedor y a mover las rodillas hacia fuera y hacia dentro de modo que las tapas chocaban la una contra la otra como si fueran platillos. Además tenía un matasuegras en la boca que hacía sonar a la vez que todo lo demás. Lo mejor de la noche sin duda alguna. Mónica es un crack.

Nos volvimos a casa todos juntos y se vino también con nosotros Jérome, un amigo francés de Lena con el que me estuve riendo todo el camino. Hacía muchísimo frío y hacíamos bromas de pingüinos.

Cuando llegamos a casa, nos comimos el pollo que había sobrado de la cena, comentamos la jugada asignando los premios a la más pájara y ya nos fuimos a la cama.

El domingo nos levantamos tarde otra vez así que sólo nos dió tiempo a desayunar tranquilos e ir a la estación sin prisa. Me dió mucha satisfacción que Pitu hubiera pillado un finde animado y que se lo hubiera pasado bien. Nos despedimos hasta navidades y yo me marché a casa haciendo paradas en Fopp, Avalanche y el Lidl para reponer la despensa.

Tenía ganas de sentarme tranquilo en mi cuarto y ver una película así que puse "hijos de un Dios menor" que me la traje de casa de mis padres y todavía no la había visto. Me empezó gustando pero enseguida empezó a entrarme sueño y me quedé dormido.

Me levanté con hambre así que me puse a hacer una ensalada y pasta con bacon y cené con Colin. Al poco llegaron Ramón y Carol que se comieron las sobras y yo me fui a la cama a leer un rato. El libro parece no evolucionar demasiado sino simplemente relatar las diferentes fases por las que pasa la gente que está encerrada en la ciudad de Oran debido a la epidemia de peste. En verdad es interesante.









Monday, November 22, 2004

Vacaciones en Madrid

Estos cuatro días en Madrid han sido fantásticos. Me lo he pasado de escándalo y ha hecho un tiempo genial. No me he vuelto con la satisfacción de haber cumplido todos mis objetivos pero aún así ha merecido mucho la pena.

El viernes doce me desperté a las seis de la mañana, desayuné, me hice unos bocatas con la tortilla que había preparado la noche anterior, hice mi cama y enseguida sonó el teléfono avisándome de que mi taxi estaba en la puerta. Bajé enseguida. El taxista me dejó en waverley bridge y allí me cogí el bus al aeropuerto.

Facturé enseguida y me fui al hall donde están las puertas de embarque a esperar. Leí un ratín pero me entró un sueño horrible así que aprovechando que había poca gente me tumbé en tres asientos hasta que llegó la hora de embarque.

El vuelo Edimburgo-Londres lo hice entero dormido. No sé qué me pasa en los aviones que en cuanto me siento me quedo sopa. A veces me despierto con el ruido del despegue pensando que ha pasado mucho tiempo desde que me quedé dormido. Tengo un sueño profundísimo en los aviones. Algo increíble.

Todo fue igual de bien en Londres y el vuelo hasta Madrid también lo hice casi entero dormido. Me desperté cuando el avión empezó a descender. Hacía un sol precioso y se veía Madrid perfectamente desde mi ventana. Nunca había visto una vista aérea de Madrid tan clara. Era un alucine porque en cuanto localicé las torres Kyo y la torre Picasso situé perfectamente el norte y el sur y pude localizar el retiro y el casco antiguo donde las calles se veían mucho más desordenadas que en el resto de la ciudad.

Desde el cielo se Madrid parecía pequeño. Como si pudieras ir desde Carabanchel a plaza de Castilla dando un paseíto.

Al bajar del avión me cegaba la luz. El sol de Noviembre en Madrid es como el de Junio en Edimburgo. Parecía verano por la intensidad de la luz y por la temperatura tan buena que hacía. Una maravilla.

Mientras esperaba a que llegara mi equipaje puse mi sim española en el móvil y al poco me llegó un mensaje de Dani que preguntaba sobre mis planes para unirse a alguno y así poder vernos. Al ratito me llamó Sara para ver cuándo nos veíamos. Tanto el mensaje de Dani como la llamada de Sara me hicieron sentir que, de alguna manera, todavía formo parte de la ciudad.

Antes de irme para el metro llamé a Fernando para ver si habían venido él y Cristina al aeropuerto a recogerme pero estaban en casa comiendo así que me fui para el metro solo.

Era la primera vez que me cogía el metro en el aeropuerto y es una maravilla lo rápido que se llega al centro. También es sin duda la conexión más barata que he encontrado entre el aeropuerto y el centro de la ciudad de todas las ciudades en las que he estado.

Durante el trayecto conocí a una chica de Canarias y a un matrimonio italiano. En cuanto empezamos a adentrarnos más en la ciudad ya se respiraba el ambiente del metro de Madrid donde nadie habla con nadie. La gente lee, escucha música o piensa en sus cosas pero no habla con nadie.

Al poco llegué al piso de Fernan donde estaban él, Cristina y dos de los compis de piso de Fernan: Carlos y David. A Carlos ya lo conocía pues estaba en la misma residencia que Fernando. Me hizo mucha ilusión volver a ver a Cristina y encima esta vez en Madrid. Fue genial reencontrarnos en esas circunstancias: los dos en Madrid, ella viniendo del Puerto y yo de Edimburgo un viernes por la tarde soleado y con todo el fin de semana por delante.

Después de un rato de charla con Fernan y Cristina y otro con David y Carlos, nos duchamos y nos marchamos a tomar algo antes del concierto de ASH.

Fuimos por la zona de Amaniel y la plaza de las Comendadoras que sigue estando igual de bonita y acabamos en un bar muy mono regentado por un argentino. Yo nunca había estado dentro aunque lo conocía por fuera. Allí nos tomamos unos tercios fresquitos y cuando llegó la hora nos marchamos al arena a ver a ASH.

No sabíamos a dónde ir exactamente después del concierto así que llamé a Ana Morán que controla la noche como nadie a preguntarle qué plan tenía. Me dijo que trabajaba en el Lolita, que fuéramos para allá pues quedaba abierto hasta las cinco y que nos pondría copitas gratis. Me hizo mucha ilusión hablar con ella. Ana y yo nos lo hemos pasado en grande juntos y nos hemos reído infinito en el Lolita varias noches. Me trajo muy buenos recuerdos hablar con ella.

Era la segunda vez que veía a ASH en el arena y la verdad es que no es una sala que les haga justicia. El sonido es bastante mediocre aunque el concierto estuvo muy bien. Era la quinta vez que los veía (dos en el arena, una en la riviera, una en santirock y otra en el corn exchange) y me lo pasé en grande pero tampoco fue nada del otro mundo. Charlotte sigue siendo genial sobre el escenario y además es tan guapa...

Después del concierto fuimos caminando hacia Chueca donde habíamos quedado con Anita (la amiga de Cristina y Juanlu de Troyes) pero por el camino me llamó Patricia que estaba por plaza de España así que la esperamos por Gran Vía ya que ella había quedado en Callao.

Me hizo mucha ilusión verla. Está igual que antes aunque esta vez no llevaba gafas. Me quedé con ella en Callao esperando a que llegaran sus amigos y Cristina y Fernan se marcharon para Chueca.

Nos pusimos al día rapidísimo haciendo especial hincapié en lo laboral y en lo sentimental y enseguida llegaron sus amigos, así que me despedí de ella y me fui hasta Chueca a reenganchar con Fernan y Cristina.

Estábamos los tres con mucha hambre así que nos paramos en una pizzería de la calle hortaleza a comer algo. Nos sentó de maravilla el avituallamiento pues además hacía mucho frío fuera.

Y también debido al frío decidimos cambiar el punto de encuentro con Anita. En vez de vernos en la plaza de Chueca, quedamos en hacerlo en Malasaña, en el electric concretamente.
No tardamos en llegar y al poco apareció Anita con dos amigos suyos (ambos llamados Eduardo) muy majetes.
El rato que echamos en el electric fue genial pues vino mucha gente conocida. Aparecieron Iñaki y Rubén primero, luego Fátima y Gini, luego David (del piso) y de casualidad me encontré al chico de la facultad que veíamos en todos los conciertos que se llama Javi y que ahora toca en un grupo y les va muy bien. Fue muy divertido pues nos reímos todos un montón, bailamos y nos contamos de nuestras vidas.

Mientras bailábamos Cristina me dijo que por favor la acompañara a la calle, que se encontraba mal y que quería salir un rato y así hicimos. Mientras charlábamos pasó por delante nuestra un pijín que recibía explicaciones de sus amigos para encontrarse con ellos en el Morgenstern pero el pobre no sabía ni donde estaba él así que me dispuse a ayudarle:
- Mira, el Morgenstern está en Manuela Malasaña"
- ¿Y cuál es esa calle?
- ¿Pero tú de dónde eres hijo?
- De Majadahonda.
- Uy Cristina. Este es rico. Qué triunfazo.
Pues me parece fatal que siendo de Madrid no sepas donde está Manuela Malasaña. Es una pena que no conozcas la ciudad en la que vives. ¿Cuántos años tienes?
- Más que tú, seguro.
- Uy no, hijo, tanto Cristina como yo somos mayores que tú y tenemos muchas más vueltas que tú.
- No lo creo (yo aquí me quedé loco. Un niñato de Majadahonda tomándome el pelo).
- Pues créelo que nosotros tenemos muchos tiros pegaos.

Al final el personaje en cuestión quedó prendado de Cristina y se acopló con nosotros llegando hasta el electric y pasando de sus amigos y del morgenstern. No sé en qué momento se marchó de allí pero por lo visto estuvo dándole la lata a Cristina un rato largo.

Estuvimos un rato más en el electric hasta que cerraron, momento en que decidimos ir al Nasti (ahora Barbarella los viernes) en el que había una cola considerable.
Estuvimos en la cola un rato largo pero enseguida nos hicimos amigos de los que estaban delante nuestra y detrás. Dos grupos majísimos.
Los de alante venían de Murcia y eran los integrantes de un grupo llamado "Octubre". Tenían un acento cachondísimo y un gusto musical impecable. Nos reímos mucho con ellos. Detrás había un grupo de chicas de Toledo que resulta conocían a Ana y a Sara. Nos reímos también mucho con ellas hablando de lo desquiciada que está la gente en Madrid.

Ya dentro estuvimos bailando al ritmo de la más variopinta selección de canciones y conociendo más gente. Por casualidad acabé hablando con el guitarrista de un grupo granadino llamado "Lory Meyers". Me dijo que habían estado tocando en el Moby Dick junto a "amarillo" y que al día siguiente teloneaban a ASH en Barcelona.

Nos quedamos allí hasta que cerraron y, aunque casi todos los que estaban dentro se iban a otros sitios, nosotros nos marchamos para casa que llevábamos de juerga ya doce horas y yo despierto más de veinticinco.

Nos fuimos para casa dando un paseo y riéndonos muchísimo de lo que había dado de sí la noche, de los personajes que habíamos conocido y de todos los que nos íbamos encontrando por el camino. Me acosté super contento. Daba gusto estar de vuelta en Madrid.

El sábado nos levantamos tardísimo. Hacía un día impresionante así que enseguida nos duchamos y bajamos a la calle. Fernan se quedó en casa durmiendo un poco más y Cristina y yo nos fuimos a pasear por Rosales y el parque de Debod. Había gente tirada en el césped tomando el sol. De nuevo tuve sensación de verano. Que maravilla.

Después del paseo nos fuimos al bar de los bocadillos a tomar el aperitivo. Fue genial volver a ir allí después de tanto tiempo. Me trajo muy buenos recuerdos también. Solía ir mucho con Gini y con Fernan. Nos gusta mucho a los tres. No nos dió tiempo a quedarnos mucho ya que yo había quedado con Azahara para ir a la boda de David a las cuatro y media y se nos había echado el tiempo encima al levantarnos tan tarde.

Azahara llegó muy puntual. Yo me despedí de Cristina hasta la noche y me monté con Azahara en el coche.
Tenía muchísimo sueño pues apenas había dormido cuatro horas pero a la vez mucha ilusión por la boda. De camino a la iglesia, nos pusimos al día sobre lo acontecido en nuestras vidas desde navidades que fue la última vez que nos vimos.

Acabamos perdidos en Algete y yo no hacía otra cosa que reirme pues Pablo y yo siempre bromeábamos con Algete. Que si nos encantaría ir de vacaciones a Algete, que qué marcha hay en Algete, que si en Algete todo es mejor...Me entraron muchas ganas de llamarlo y decirle "adivina donde estoy..." pero no tengo su móvil alemán. Que pena.

Al final y después de mucho preguntar encontramos la iglesia que estaba en una colina muy bonita. Dimos con David casi del tirón. Le dimos un abrazo, charlamos un poquito, le deseamos suerte y ya se metió en la iglesia y detrás de él, todos nosotros.

Al poco llegó Mónica y ya empezó la ceremonia.
Yo estaba un poco sorprendido pues el cura era jovencísimo y decía unas cosas muy raras durante la misa. De hecho yo llegué a pensar por momentos que tenía un poquito de retraso mental. Alguna de las cosas que recuerdo son éstas (palabras del cura): "porque, Mónica, sí, vosotros me decís que llevais muchos años de novios pero ahora cuando te levantes por las mañanas y veas a David con la cara de sueño, dirás: ay, pues no es tan guapo..."o "el matrimonio es para siempre, hay que estar ahí en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en las infidelidades y en las...(en este momento el cura se quedó en silencio, me imagino que al darse cuenta de lo que había dicho) alegrías (esto ya fue el remate. Olé la repetición después de lo de las infidelidades)". Otra cosa que me dejó atónito es cuando animó a todos los asistentes a aplaudir después de que los novios hubieran pronunciado el "sí quiero". Un alucine.

Después de la ceremonia pudimos volver a ver a David, darle la enhorabuena y echarnos unas risas con él sobre la actuación del cura.

Yendo al convite nos volvimos a perder pues empezamos a seguir coches que pensamos tendrían el mismo destino que nosotros y al final empezaron a tomar caminos diferentes. Al final vimos que la dirección del restaurante estaba en la invitación.

Estábamos en la mesa con tres parejas pero como eran alargadas en vez de redondas sólo tuvimos contacto con la pareja que estaba en frente nuestra. Los dos venían de Cuenca, eran amigos de Mónica y parecían majísimos. Estuvimos muy a gusto con ellos.

La comida no tardó en llegar. Estaba todo bastante bueno. Disfruté muchísimo y comí no menos pues además Azahara me dió alguno de sus platos.

Después de cenar, los novios hicieron el tradicional tur por las mesas. Ya estaban los dos más relajados y disfrutando de su gran día.

Ya empezó el baile y las copas. Yo me tomé una y ya decidimos marcharnos no sin antes felicitar de nuevo a los novios.

Azahara tenía a sus amigos por Plaza de Castilla y yo a Fernan y a Cristina en el Tupperware. Bajamos por la Castellana y, para no hacer perdér más tiempo a Azahara, me bajé en Colón dándole las gracias por todo. Desde allí me fui andando hasta Malasaña y por el camino una voz dijo "sí que es, es Iván. Iván...¡Tío!". Yo giré la cabeza y ví a Ósquitar de la facultad. Óscar siempre me ha caído estupendamente pues es un sol de niño. Siempre estaba con la sonrisa, dispuesto a hacer favores a todo el mundo y bromeando con todo. Recuerdo que cuando hacía fotocopias de algo, encargaba muchísimas copias de más y las daba por clase a la gente que todavía no las tenía. Eso me pasmaba. Nos lo pasábamos estupendamente con él. Me contó que había estado trabajando en Alemania y que acababa de volver. Yo le conté lo de Edimburgo y le pedí su email para escribirle con detenimiento pues ambos teníamos prisa. Le dije que me había hecho muchísima ilusión verlo y nos despedimos. En ese momento volví a sentir que todavía soy parte de la ciudad y me fui a Malasaña contentísimo.

No tardé en llegar al Tupper donde estaban Fernan, Cristina, Guzmán y David. Nos tomamos algo allí pero estaba muy lleno así que al poco nos marchamos al Morgenstern que estaba mucho mejor de música, de precio y de gente. Es, sin duda, junto al Moloko uno de mis sitios favoritos de Madrid. El portero nos dijo que cerrarían a las tres y media que ya no se quedan hasta por el día porque se ha corrido mucho la voz y se amontona gente en la puerta delatándolos. Una pena porque es un sitio curiosísimo.

Cuando cerró el Morgenstern donde por cierto escuchamos una deliciosa selección musical, nos marchamos al Tempo en plaza de España del que Javi (el chico de la facultad que nos encontrábamos en todos los conciertos) me había hablado la noche anterior. Cuando llegamos parecía estar cerrado pues todas las luces estaban apagadas pero a Fernando le dió por empujar la puerta y estaba abierta y además, se escuchaba música viniendo del sótano al que bajaban unas escaleras. Nos metimos todos y efectivamente había fiesta montada allí. Me encanta esto de los garitos clandestinos de Madrid.

El sitio era chulo pero la música tampoco gran cosa. No había demasiada gente así que se podía bailar bien y conocí a una pareja de suecos que me cayeron estupendamente. La chica estudiaba diseño en Madrid y él estaba de visita. Ella hablaba español de miedo y le pregunté que si era porque tenía muchos amigos españoles pero contestó que no, que le resultaba un poco difícil hacer amigos en Madrid entonces yo les dije que se unieran a nosotros que éramos todos españoles y que tenían que mezclarse con gente de España. Se integraron estupendamente, especialmente él que bailaba muchísimo y les dí pistas sobre qué hacer en Madrid. No habían ido nunca al rastro ni a la Latina así que les animé a que así hicieran al mediodía el domingo.

No aguantamos mucho en el Tempo pues estábamos todos agotados después de la noche del viernes así que como a las cinco nos fuimos a casa. Allí nos sentamos en el salón a comentar la jugada un poco y ya nos marchamos a la cama.

El domingo había quedado con Dani en el teatro La Latina a las doce y media así que nos tuvimos que poner el despertador para llegar a tiempo. Desayunamos de nuevo en el bar de los bocadillos y ya nos cogimos el metro para allá.
Llegamos tarde al final pero me dió tiempo a tomarme un vermú con Dani y a sentarnos al sol a contarnos. Fue una mañana muy agradable pero me tuve que ir enseguida pues tenía la comida familiar en casa de los bulos. Me dió mucha pena irme pues justo estaba llegando mogollón de gente en ese momento.

Me cogí el tren en Pirámides hasta Majadahonda y allí me recogieron Pitu y Natalie. Llegamos enseguida a casa de los bulos a los que encontré estupendamente. Para comer sólo estábamos Sara, Javier, Pitu, Natalie, los bulos y yo pero a merendar irían todos los demás.
Almorzamos sufflé de queso y carne que estaban buenísimos y luego nos subimos arriba a descansar. Yo me quedé dormido en un sofá en el que daba el sol y me despertó Nini con sus peques. Me hizo muchísima ilusión. Me quedé alucinado de como habían crecido las niñas y de como hablaban ya. Una pasada.
Poco a poco fueron llegando todos los demás y ya se llenó la casa de niños. Echaba de menos ese jaleo y el ver a los bebés nuevos de mis tías. Alvarito, el más pequeño de todos, es un alucine. Cuando lo ví me quedé atónito pues iba vestido con ropa de señor mayor y está gordito. Encima se parece a Tim por lo que me quedé loco. Fue como ver a Tim dentro de una carrito de niño pequeño.
Echamos una tarde divertidísima todos juntos riéndonos y contándonos. En Boadilla siempre se lía. Con Caqui me parto y con la señora Rosaflor también. Menuda es. Que risa.

Ya bien tarde, Luci me llevó a la estación de Pozuelo y de allí cogí el tren a Madrid. Fui para casa de Fernando donde estaban todos y de allí nos marchamos todos a cenar algo. Acabamos en un bar por Fernández de los Ríos que estaba muy acogedor aunque la comida tampoco era gran cosa y después nor marchamos para casa otra vez pues estábamos agotados. Charlamos un ratito y enseguida caímos rendidos.

El lunes nos levantamos tarde otra vez de manera que la mañana sólo nos dió para desayunar tranquilos e ir casi del tirón a llevar a Cristina a la estación de autobuses. Allí nos despedimos con pena y alegría por haber pasado un fin de semana tan divertido, hasta navidades.

Después nos marchamos a casa un rato y al poco me marché a los cines renoir donde había quedado con Sara. No tardó en llegar. Está igual que siempre.
El sitio al que queríamos ir estaba cerrado así que no sé bien por qué, me sorprendió muchísimo, Sara sugirió ir a un Starbucks y allí acabamos contándonos principalmente sobre nuestros trabajos y lo que nos gustaría hacer en el futuro.

Me hubiera gustado quedarme más tiempo con Sara pues nos lo estábamos pasando muy bien pero había prometido a Fernan y a sus compis de piso que cocinaría para ellos esa noche y además quería ir a la abuela Julita. Se me echaba la tarde encima.

Hice compra en Día y en el super del corte inglés para hacer canelones de carne picada, luego fui a casa a dejarlo todo y de ahí a ver a la abuela Julita que está estupenda y que me estuvo contando de su viaje a Italia este verano.

Cociné unos canelones de carne picada que la verdad salieron buenísimos. Lo único malo es que cenamos tardísimo y me dió un poco de apuro pues algunos se tenían que levantar pronto.

La cena nos dejó K.O. de modo que poco a poco nos fuimos yendo todos a dormir.

El martes me levanté pronto pues tenía los vuelos por la mañana. Todo fue estupendamente. Dormí prácticamente todo el tiempo que estuve dentro de los aviones de modo que se me hizo muy llevadero.

A las seis más o menos estaba en casa deshaciendo el equipaje. Al poco llegó Colin y le estuve contando sobre el viaje. Luego nos pusimos a asar unas patatas para la cena y en cuanto estuvieron listas cenamos pues no sabíamos si Ramón venía a cenar. Al final Ramón sí que vino y cenó con nosotros. Le estuve contando del viaje también y ellos a mí sobre lo acontecido en Edimburgo durante el finde.

Antes de acostarme cogí el libro de Albert Camus y noté como me costaba la vida concentrarme al leer en inglés después de tantos días hablando en español...




Thursday, November 18, 2004

Preparativos del viaje

El jueves trabajé hasta tardísimo pues tenía que grabar una videoconferencia pero pensé que así acabaría más harto del trabajo y me iría de vacaciones con muchas más ganas.

Fue una experiencia interesante pues la videoconferencia era la lectura de una tesis doctoral de modo que tras la misma, el alumno que estaba en el extremo que yo estaba gestionando, iba a ser doctor.

Todo transcurrió estupendamente y además al alumno (que era griego y se llamaba Stasinos) le dieron la calificación más alta. Estaba contentísimo y de alguna manera se nos contagió a todos su satisfacción.

Cuando salimos de la sala de videoconferencias, nos encontramos a una chica con una botella de champán (imagino que sería la novia de Stasinos) y varios vasos y estuvimos todos bebiéndonos una copita para celebrar el éxito.

Me comentaron que se iban por ahí a tomar cervecitas y que me apuntara pero tenía mil cosas que preparar antes del inminente viaje a Madrid.

Así que me fui a casa donde estuve preparando la maleta y haciendo la cena para ese día y el almuerzo para el día siguiente. Hice una tortilla enorme que me valió para ambas comidas.

Y después de los preparativos del viaje, me duché y me metí en la cama prontito ya que tenía que madrugar mucho al día siguiente.

Thursday, November 11, 2004

Boicot contra nestlé

La verdad es que ayer no hice más que trabajar así que no tengo mucho que contar que sea puramente extralaboral.

Hice horas extras supervisando un enlace de fibra óptica entre un salón de actos muy grande en el que, en teoría, no iban a caber todos los asistentes al evento por lo que montamos vídeo y sonido (procedentes del salón en el que se celebraba el evento) en dos salones de actos adicionales.

El evento era una reunión de estudiantes de la universidad en la que se tomarían varias decisiones.

La decisión que más me llamó la atención fue la de retirar todos los productos nestlé de las tiendas de la universidad. Al parecer, nestlé ha usado una publicidad agresiva animando a las madres a que alimenten a sus bebés con leche nestlé en vez de con leche materna. Debido a ello, ha habido en todo el mundo un número más que considerable de muertes infantiles aparentemente relacionadas con el tema de la alimentación. Los estudiantes se quejan de que la publicidad de nestlé ha hecho que muchas madres pierdan su confianza y seguridad en alimentar a sus bebés con leche materna. No estaba yo al tanto de este tema. Fue sin duda el más interesante de la reunión.

Terminé de trabajar a las diez de la noche. Estaba cansadísimo pero estas horas extras me las cambian por un día libre lo cual es un gustazo.

Cuando llegué a casa, soñaba con que Ramón tuviera cenita hecha pero nada de eso. De hecho, él mismo ni había cenado. Se había tomado un vaso de leche y se iba a la cama. Me parece a mí que si no fuera por las comiditas que Colin y yo preparamos por las noches, Ramón iba a pasar bastante hambre.

Así que me herví un poco de pasta y me hice una ensalada de tomate. Tras comerme todo, me duché y me puse a leer un rato. Me hubiera encantado salir pues después de tanto trabajo, lo que no quería era irme a casa pero no había plan.

Mientras leía, escuché que Colin llegaba de Leeds así que le pregunté qué tal y me despedí de él hasta el miércoles que viene que no lo voy a volver a ver.

Wednesday, November 10, 2004

Swing dance!

Ayer empezamos Ana y yo las clases de Swing en el bongo. Estuvo genial porque había dos profes y éramos sólo 6 parejas. Aprendimos cuatro pasos básicos y luego cómo enlazarlos los cuatro.

Después de trabajar me fui corriendo al Usher Hall a sacarme la entrada para el concierto de Elvis Costello el catorce de Febrero. Me apetece muchísimo pues he querido verlo en directo desde hace mucho tiempo. No me hicieron descuento de estudiante, ni aceptaban el snapfax así que un poco palo, pero bueno, es una vez en la vida.

Después me fui al Lidl a comprar lo que hacía falta y de ahí a casa a descansar un poquito antes de irme a la clase de swing.

Los pasos son muy largos y para ayudarte a recordarlos, te enseñan una cancioncita que dice “rock step, triple step, step, step, triple step”. Es muy movido y parece divertidísimo. Además la música es muy animada. Íbamos practicando los pasos a medida que nos los enseñaban y luego íbamos cambiando de parejas. Super divertido.

Nosotros estuvimos de siete a ocho que es para principiantes y de ocho a nueve era para expertos. Me quedé alucinado porque la gente que llegaba a las clases de expertos iba vestida y llevaba zapatos especiales y todo. Una pasada. Luego de 9 a 3 hay lo que llaman “social dancing” que es toda la noche bailando a ritmo de swing con el Dj de Vegas a los platos. Tiene que ser divertidísimo. A ver si vamos también un día.

Tras el baile, me marché a casa y me encontré con Ramón que llegaba de sus clases de inglés. Hicimos una ensalada y freímos huevos y patatas. Nos pusimos las botas. Luego me llegó un mensaje de Lena en el que me decía que iban a salir pero yo recordé que trabajaba al día siguiente hasta las diez de la noche así que me puse la peli de Hitchcock en la que se basa el proyecto fin de máster de Uli (“to catch a thief”) y, aunque me estaba gustando bastante, me quedé dormido enseguida.

Tuesday, November 09, 2004

Facturas

Ayer lo más destacado sin duda fue el desembolso que hicimos para pagar las facturas de la casa. Doscientas veinte libres del impuesto municipal que viene mensualmente mas ocheta de gas y electricidad mas cincuenta de telefono. Un horror vamos.

Después del palo de las facturas, me quería pasar por el Usher Hall para sacarme mi entrada para ver a Elvis Costello el catorce de Febrero. Ramón se vino conmigo pero cuando llegamos ya estaba cerrado así que mi gozo en un pozo. Vuelta a casa entonces pero dando un paseo la mar de agradable pues no hacía frío ninguno.

Y en casa, dos horas seguidas que pasaron volando, leyendo el libro de Albert Camus que me gusta cada día más.

Escribí también una postal a Tur y otra a Esteban, del que me acuerdo cada vez que voy a comprarme libros.

Cuando empezaron a rugir las tripas, me fui a la cocina y no mucho más tarde tenía lista una ensalada y unos spaghetti con bacon buenísimos.

Nos pusimos las botas mientras planeábamos la fiesta de cumple de Ramonchi. Quedamos en que esta vez teníamos que invitar a gente más animada que la que vino a la de mi cumple y que teníamos que cuidar la música. También decidimos poner un cartel en la escalera para avisar a los vecinos de que vamos a hacer una fiesta y que quien quiera pasarse, que lo haga.

Después de cenar, nos duchamos y yo seguí leyendo. Ramonchi se puso Cinema Paradiso y al parecer la vió entera pero me ha dicho que le versión que tenemos nosotros es más corta que la que el vió hace tiempo. No me extrañaría en absoluto pues es un DVD que regalaron con el periódico.

Yo la verdad es que ni me acuerdo de cómo me quedé dormido...

Fiesta, cinema paradiso, mousaka

Estas han sido las cosas más destacadas del fin de semana por orden cronológico. El viernes la super fiesta en casa de Íñigo, el sábado Cinema Paradiso y el domingo la mousaka.

Después de trabajar el viernes me marché a casa todavía dudando sobre si ir a la fiesta de Íñigo o al wee red bar donde había un club nuevo llamado “the trap” y al que venían djs de los mejores clubs indies del Reino Unido.
Al final quedé con Lena en que iríamos primero a la fiesta y después al wee red bar a bailar. Me pareció justo pues tampoco quería dejar de ir a la fiesta después de haber sido invitado.

Me fui después al Lidl a comprar lo necesario para el finde y luego a casa a descansar un rato, cenar y arreglarme para la noche.

La cena la hizo Colin. No se esmeró gran cosa, la verdad pero siempre es un gustazo que te hagan la comida. Hizo pasta con verduritas fritas que estaba buena pero tampoco para tirar cohetes.

Tras la cena me metí en la ducha y me vestí para la fiesta. No sé por qué tenía ganas de arreglarme. Al final me acabé poniendo camisa y todo. Que cosas.

Había quedado con Lena, Kate y Mary en recogerlas en casa de Lena y luego irnos juntos a la fiesta y así hice. Fue una coincidencia genial que Lena e Íñigo fueran prácticamente vecinos. Fue muy práctico llegar de casa de Lena a la de Íñigo en sólo cinco minutos. Las ventajas de vivir en una ciudad pequeña…

La casa de Íñigo es una chulada y cuando llegamos ya estaba más que animada. Él estaba muy ocupado haciendo ollas enormes de sangría pero en cuanto nos vió sonrió y vino a saludarnos. Le presenté a las chicas puesto que no las conocía, charlamos un poquito y él volvió a su faena y nosotros comenzamos a integrarnos.

La gente era majísima. Había unos cuantos conocidos de la fiesta de halloween. Hablé sobre todo con un grupo de escoceses muy graciosos y estilosos (cosa rara aquí) e hicimos muy buenas migas. También me cayeron muy bien tres chicas de Cataluña que había visto en la otra fiesta pero con las que no había hablado mucho entonces. Nos dimos los teléfonos y quedamos en vernos el cuatro de Diciembre para la fiesta de cumple de Ramonchi.

Ramonchi llegó un poco más tarde porque había estado currando hasta las diez. Un palizón. Tenía intenciones de meterse en la cama cuando llegó a casa pero enseguida se animó y decidió venirse.

La fiesta transucrrió entre risas, charlas y baile. Muy divertido porque llegó un momento en que sólo quedábamos los que realmente nos lo estábamos pasando pipa allí y hubo muy buen rollo a pesar de ser ya pocos.

Al final nos marchamos a casa bien pasadas las cinco. Nos hartamos de reir por el camino recordando cosas que habían pasado.

Ya en casa Ramón me dijo que había traído comida preparada del trabajo. Le pregunté que qué era y me alegró la noche aclarándome que era ternera en salsa con patatas. Ma metimos en el microondas y nos pusimos las botas. Fue una gozada irnos a la cama después de haberle hincado el diente a semejante manjar. Una maravilla.

El sábado nos levantamos cuando ya estaba oscurenciendo. Fue un poco una pena que se nos hubiera ido la mañana así pero bueno fue debido a la mucho que aprovechamos la noche anterior.

Por la tarde me acerqué al Lidl a hacer un poquito de compra y a buscar calcentines ya que parece que los míos están despareciendo. Hacía un bochorno impresionante. Después de un rato caminando me puse en manga corta. No me lo podía creer.

Al llegar a casa nos pusimos a hacer la cena. Hervimos la pasta preparada que se trajo Ramón del trabajo y que estaba en el congelador desde hacía semanas y terminamos la ternera en salsa del día anterior.

Después de cenar me metí en la ducha y desde allí escuché el telefonillo. No esperábamos a nadie. Ramón contestó y abrió. Me preguntó que si yo había quedado con alguien. Le dije que no. Al final eran Lena y Kate que habían venido de sorpresa disfrazadas de vagabundas. Yo no las ví en la puerta ni nada sino que cuando salí de la ducha estaban los tres en mi cuarto partidos de risa. La verdad es que la ropa que llevaban era total.

Yo había quedado con Athanasia y Elena en el city café como a las nueve así que invité a Lena y a Kate a que se vinieran pero dijeron que con esa ropa no iban a ningún lado. Les dije que si querían, se podían quedar en casa viendo alguna peli y accedieron encantadas. Se pusieron Amélie y yo me marché en bici al city café.

Elena tenía dos amigas de Madrid que habían venido de visita. Aluciné porque las dos eran guapísimas. Una pasada. Estaban todos los griegos amigos de Athanasia alucinando. La verdad es que eran espectaculares.
Estuvimos allí tomándonos algo y charlando sobre la vida en Madrid y en Edimburgo. El city café estaba muy animado. También conocí a un amigo de Elena que se llama Al y que estudia chino, japonés y ruso. Me estuvo contando que siempre que ha estado en Rusia ha sido arrestado. Que como turista, lo primero que tienes que hacer es aprender a esconderte de la policía porque te arrestan al parecer sin razón aparente.

En verdad estuve muy poquito pues andaba cansado así que como a las doce, cogí la bici de vuelta a casa y cuando llegué me encontré a Lena y a Kate dormidas en mi cuarto. Se despertaron cuando llegué y más o menos se espabilaron. Decidimos poner Cinema Paradiso pero se volvieron a quedar dormidas enseguida. A mí me encantó. Es una preciosidad.

Al terminar la segunda peli yo me fui a la cama y Lena y Kate a su casa.

El domingo amaneció un día estupendo y me levanté bastante pronto. Quedé con Lena y Kate en ir a las pentlands a caminar por allí pero cuando llegué a su casa, el tiempo había empeorado cosiderablemente así que decidimos pasear por la ciudad por si empezaba a llover.

Llegamos hasta la galería de arte moderno y desde allí empezamos el paseo del río hasta Stockbridge. Luego nos subimos a Calton Hill y cuando empezó a hacer frío fuimos hasta Halo a tomarnos un chocolate que no estaba tan bueno como el de la última vez.

Ya de noche, volvimos a casa de Lena y Kate donde recogí mi bici y me fui directo al Lidl a comprar lo necesario para hacer Mousaka para la noche. Había dicho a Lena y a Kate que se vinieran a casa a cenar.

Esta vez, hice todas las capas más finitas y salió buenísima. Nos chupamos todos los dedos. Lo que pasa es que a pesar de ser las capas más finas, a mí me volvió a dejar K.O. de modo que lo único en lo que podía pensar después de cenar, era en acostarme. También había estado todo el día caminando y luego de pie en la cocina cocinando como loco.

Así que después de disculparme por levantarme de la mesa, me duché, dije adiós y me fui a la cama.






Friday, November 05, 2004

Condom card

Ayer por fin me hice la condom card con la que puedes ir a infinidad de puntos de la ciudad a hacerte con tus preservativos gratis. Es una iniciativa del "national health service". Está genial porque hay varios puntos de recogida dentro de la universidad.

En el otro piso sólo la tenía Ana y era ella la que traía varias cajas cada semana. Las guardábamos todas dentro del congelador que no usábamos. Quedaban allí todas junto con las medicinas. Era el armario del vicio. Drogas y condones.

Después del trabajo me marché a casa muy cansado por haber trasnochado la noche anterior. Me senté en el sofá a descansar un ratito y me desperté a las nueve. Se me había ido la tarde entera. Una pena.

Total que me levanté, me puse a hacer una tortilla y ya llegaron Ramón y Colin. Cenamos los tres juntos y ellos se fueron a la cama. Yo tenía ganas de juerga evidentemente pero me tuve que conformar leyendo "the plague" de Albert Camus que la verdad es que me está gustando mucho. Creo que va a ser un tipo de libro completamente nuevo para mí.

Esta vez leí dentro del box que estaba la mar de acogedor. Una paz absoluta que me ayudó a quedarme dormido al poco.

Thursday, November 04, 2004

Música y libros

Cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de lo importante que es forzarse a hacer cosas a pesar de la pereza. Es muy importante acostarse y ni recordar que uno ha trabajado por la mañana debido a la cantidad de cosas que ha hecho por la tarde y por la noche.
A veces me cuesta, principalmente por pereza, pero poquito a poco y a base de notar los excelentes resultados que aporta, me resulta cada día más fácil.

Así que ayer, como casi todos los días, me propuse llevar el plan a cabo empezando por ir a la biblioteca a escanear unas fotos para mandarlas a casa y para colgarlas en cuclillos.

Cuando iba caminando por los meadows camino de la biblioteca, me encontré a Meri que me recordó que la susodicha estaba cerrada por las reformas de los antiguos muros, que tienen amianto. Había leído un email por la mañana que avisaba del cierre pero ni me acordaba.

Ya que había salido de casa, me propuse dar un paseo por el centro en vez de volverme y así hice. Me fui a Avalanche y a Fopp a mirar discos y libros. En avalanche no encontré nada que me entusiasmara. Eché de menos mis tiendas de discos favoritas de Madrid donde me lo compraría todo. En Fopp sin embargo, encontré el disco de los Delgados que tiene la canción que tanto me gustaba del recopilatorio que me dejó Alessandro. Llevaba buscándola mucho tiempo pero no sabía como se llamaba. Me sabía la letra pero no el título y como los Delgados tienen tantos discos, no he querido nunca arriesgarme. Como en Fopp tienen los discos abiertos, pude sacar el libreto y echar un ojo a las letras hasta que dí con la canción que buscaba.

Cuando estaba pagando eché una última mirada de reojo a los libros y ví dos de Albert Camus por tres libras cada uno así que me los compré los dos. Recordaba que Esteban me había recomendado un libro de Camus pero no sabía cual así que me los compré los dos para tener más posibilidades de coincidencia.

Así que me fui de Fopp con dos libros y el disco de los Delgados. Todo por once libras. Muy baratito.

De vuelta a casa, pasé por delante de la biblioteca y ví que estaba abierta así que entré a escanear las fotos. Primero me senté en un Mac pero no tenía photoshop al parecer así que me cambié al PC donde me pongo siempre. Escaneé dos de Uli y yo en Londres y otras tantas de la visita de Pepito, Manolo y Juanlu. Las mandé todas por email a casa y también las colgué en cuclillos.

Al llegar a casa me puse a cocinar el pollo en salsa cuya receta me dieron mis padres y en una hora y media lo tenía listo.

Al terminar de cocinar no tenía mucha hambre así que me puse a leer hasta que me entrara. Me terminé por fin el código Da Vinci cuyos personajes de repente aparecen en Edimburgo. Vaya coincidencia.
Mi opinión es que es trepidante hasta la mitad y aburrido después. Tampoco en libros se puede uno fiar de la opinión de nadie.

Cené con la satisfacción de haber terminado otro libro en inglés. El pollo me supo a gloria. Estaba buenísimo. Disfruté a lo grande.

Después de la cena, me duché y me vestí para salir pues había quedado en ir con Lena, Kate y Mary a ver a Hoboken tocar en Velcro.
Vinieron a buscarme como a medianoche y nos fuimos en bici hasta allí.

Cuando entramos, estaba bastante vacío pero se estaba muy bien así que me pedí una tónica por la que me cobraron cincuenta peniques y nos sentamos a charlar principalmente de las tres semanas de vacaciones de Kate en Turquía. Ha venido encantada. Dice que tenemos que ir.

Al poco la cosa se fue animando y ya salieron Hoboken a tocar todos vestidos de traje.

El concierto estuvo muy bien de ejecución pero sosillo de puesta en escena. En verdad era lógico porque no había mucha gente aunque la poca que había bailaba muchísimo y animaba el cotarro. De hecho el cantante dijo que estaba sorprendido agradablemente.

La última canción fue muy animada de modo que dejó a la gente con ganas de bailar así que los djs lo tenían fácil para hacer danzar al respetable.

Había mucho espacio para bailar y la música estaba muy bien (Belle and Sebastian, Strokes, Franz Ferdinand, Le Tigre, Graham Coxon...) así que estuvimos los cuatro liándola rodeados de universitarios indies. Muy divertido.

No sé qué pasó que a las dos encendieron las luces y quitaron la música. El sitio cerró y nos tuvimos que marchar a casa no sin antes echarnos unas risas con una pandilla de irlandeses que quedaron prendidos de Kate. Nos reímos mucho con ellos porque a medida que nos alejábamos con las bicis nos decían adiós en alemán todos a la vez moviendo las manos.

Mary se fue a otro club y Lena, Kate y yo a casa en las bicis. Al volver me entró de nuevo esa sensación de satisfacción y orgullo de estar viviendo esto. Lena con sus 27 años, Kate con sus 24 y yo con mis 25 volviendo a casa en bici por Edimburgo después de haber estado bailando un miércoles por la noche...

Cuando llegué a casa no tenía sueño así que me puse a leer uno de los libros de Albert Camus que me compré que la verdad me empezó gustando pero al poco vino el sueño de repente y me quedé dormido.

Wednesday, November 03, 2004

Finde post vacances

Bueno, pues una pena que se hayan marchado ya todos los visitantes pero por otra parte, tiempo para el descanso y la tranquilidad.

El viernes después del trabajo me marché directo a la cama. Estaba agotado. Me había dicho Colin que Ffione le había propuesto que fuéramos todos juntos a una fiesta de Halloween en casa de una amiga suya pero yo no tenía el cuerpo para ninguna fiesta así que le dije que ya veríamos.
Estaba a gustísimo en la cama durmiendo. Bien es cierto que a veces me despertaba y escuchaba voces por casa pero mi intención era no levantarme ni a cenar y quedarme durmiendo hasta el sábado por la mañana. Esa era mi intención pero al final sucedió todo lo contrario. Ramón y Colin entraron en mi habitación para despertarme y decirme que la cena ya estaba lista. No quería ser grosero y decir que me quedaba durmiendo así que, muy a mi pesar, me levanté a cenar. La comida estaba muy buena. Ffione había llegado por la tarde, ya vestida para la fiesta y estaba cenando con nosotros. Mientras cenábamos ya empecé a ver que todos contaban conmigo para la fiesta y que incluso daban por sentado que nos íbamos a disfrazar y a pintar. Nada me apetecía menos pero igualmente, por no ser aguafiestas, cedí. Total que nada, al final con más sueño que ganas de juerga, fui a la fiesta con Ramón, Colin y Ffione.

La casa en la que se celebraba la fiesta era enorme. Al parecer tenía once habitaciones, dos cocinas, varios baños, salón y dos jardines enormes. Había muchísima gente y nada más llegar, me animé y empecé a conocer mucha gente muy divertida.

Mi personaje favorito era una chica escocesa llamada Dawn que tiene treinta y cuatro años y que había estado viviendo en Madrid a finales de los ochenta. Era graciosísima, hablaba español muy bien y llevaba un modelito unico. Me harté de reir con ella. Era sin duda la diva de la noche. Le pedí que me diera un prendedor rosa chulísimo que llevaba pues me lo quería guardar como recuerdo suyo y así hizo.

Fue más que interesante escuchar la opinión de un extranjero sobre los ochenta en Madrid. Hay infinidad de libros sobre "la movida" en España pero todos escritos por españoles. Ninguno creo yo que recoja alguna opinión foránea. Dawn fue la primera persona extranjera que me habló de sus experiencias en Madrid en los años de la movida.

Nos fuimos de la fiesta más que tarde. Cuando llegué a la cama no me lo podía creer. Caí rendido.

El sábado me quería levantar pronto pues tenía que cortarme el pelo y arreglar la rueda de atrás de mi bici que necesitaba una cámara y una cubierta nuevas.

No me levanté especialmente temprano pero me dió tiempo a hacer todo lo que quería. Además limpié mi habitación. Creo que nunca me han dejado el pelo tan corto como lo tengo ahora. Me sobresalen las orejas muchísimo. Es muy gracioso cuando voy caminando y veo mi sombra con las dos orejitas sobresaliendo. Me parto yo solo.

Terminé de hacer todo bastante tarde y seguía con mucho sueño así que a pesar de tener otra fiesta esa noche, cené una pasta fácil, leí un poco y me fui a la cama antes de las diez.

El domingo me levanté doce horas después de haberme acostado el sábado noche. Estaba nuevo. Disfruté muchísimo durmiendo tanto.

Salí de casa en dirección al Lidl después de desayunar pero cuando fui a coger la bici ví que la rueda de atrás estaba pinchada de nuevo. No sé qué pasó puesto que la había arreglado el día anterior. El caso es que compré una cámara nueva, la puse y ví que la había comprado el día anterior estaba efectivamente pinchada.

Arreglada la bici, ví que Ramón tenia intención de ir a TK Maxx y decidí irme con él dejando el Lidl para después. Fuimos caminando pues hacía muy bueno. Ramón encontró unos zapatos muy chulos y yo, que principalmente iba en busca de regalos de navidad para mi familia, no ví nada.

A la vuelta me pasé por la tienda de camisetas de la royal mile en la que compré el encargo de Manolo y luego por el Lidl.

Cuando llegué a casa decidimos Ramón y yo, hacer una pizza. No nos llevó mucho tiempo de modo que en una hora y algo estábamos los tres mosqueteros sentados a la mesa comiendo pizza para ocho como siempre hacemos. Nos pusimos las botas. Buenísima.

Después de comer me puse a escribir a Uli hasta que dieron las ocho y media, momento en que nos marchamos de casa en dirección a la royal mile, donde habíamos quedado con Stavros para ver la performance de invierno de la Beltane Fire Society que la verdad es que fue bastante pobre comparada con la de verano.

No vimos la actuación terminar pues hacía bastante frío y tampoco es que nos estuviera gustando mucho así que nos fuimos a casa donde antes de acostarnos, nos tomamos una ensalada que había dejado hecha.

El lunes me traje del trabajo un proyector pues queríamos hacer el cine en casa. Fuimos al vídeoclub y cogimos "Wilbur wants to kill himself" que a mí me gustó. Ramón se quedó dormido.
Cenamos huevos fritos con patatas fritas y ensalada. Estaba todo buenísimo. Hacía mucho tiempo que no comía patatas fritas.
Después de la película y la cena, desmontamos el tinglado y nos fuimos a dormir.

Ayer martes lo dediqué a las tareas del hogar. Cosí varias cosas que necesitaban una puntadita y metí el bajo de los vaqueros que me compré la penúltima vez que fui al TK Maxx. Lavé también unos jerseys y estuve decidiendo qué ponerme para la boda de David y Mónica. Creo que ya lo tengo decidido.

Cenamos unos bocadillos de jamón serrano y otros de mejillones y una ensalada y luego yo me fui a Whistle Binkies donde Alastair tocaba con su grupo Dropkick.
Me gustaron mucho. Hacía tiempo que no veía en directo a un grupo de pop puro como los que solía ver en Madrid tan a menudo. Me trajo muchos recuerdos. Un sonido estupendo.
Cuando volví a casa me puse a leer el código Da Vinci pero me quedé dormido enseguida en el sofá y como una hora y media más tarde me desperté y ya me pasé a la cama.

Monday, November 01, 2004

Vacaciones en Edimburgo (II)

El lunes nos levantamos pronto pues Pepito tenía que coger el primer tren de los dos que conforman el trayecto Edimburgo-Prestwick. Fuimos Manolo, Juanlu y yo con él y tras despedirnos de él empezamos a caminar en dirección a la galería de arte moderno (más por el paseo, que es precioso, que por la galería en sí). Una vez allí, entramos ya que era gratis y vimos varios cuadros bastante sosones menos unos de una exposición de Andy Warhol que estaban allí temporalmente y que tenían más color.

Desde la galería de arte moderno cogimos un autobús que nos llevó hasta la de retratos desde donde caminamos hacia el jardín botánico. Hacía justamente un año que no iba al jardín botánico. Estaba precioso y Juanlu y Manolo se lo pasaron pipa dando de comer a las ardillas.
Después de toda la mañana caminando volvimos a casa a comer y a descansar.

Por la noche vino Ana y cenó con nosotros. Colin había preparado unas patatas al horno rellenas que estaban bien buenas y que nos sentaron de maravilla. Tras acabar con ellas decidimos ir a tomarnos una a Bannerman´s pero no fue buena elección pues la música era horrible y dimos con un camarero muy maleducado así que tras bebernos nuestras medias pintas nos marchamos a casa. Estábamos agotados.

El martes Manolo y yo acompañamos a Juanlu a la estación y luego nos quedamos por el centro. Ya podía entonces enseñarle a Manolo todas las cosas que Juanlu y Pepito habían visto en sus anteriores visitas como los jardines del castillo, la royal mile entera y calton hill. En calton hill nos subimos al partenón y nos quedamos charlando un buen rato. La vista era espectacular y la temperatura deliciosa. Fue estupendo sentarnos allí y charlar. Una maravilla.

Antes de irnos a casa a comer paramos en el forest café a tomarnos un zuminchi. A falta de sitios en los que tomarnos una tapa y un tinto de verano, bien nos vino el forest. Esta fue otra de las cosas que fue para mí una absoluta novedad. Poder parar a tomar algo antes de almorzar en algún barecito mono del centro un martes. Una gozada.
Ya en casa nos pusimos las botas a base de arroz, salchichas, huevos fritos y salsa de tomate y luego nos sentamos en el sofá Manolo a escribir en su cuaderno y yo a leer.

Por la noche fuimos con Lena y Ramón al honeycomb que estaba animadísimo. Nos lo pasamos pipa bailando y sacando parecidos a la gente. Encontramos a las dobles de Mariluz y Laura Vidal y nos reímos con ello. Nos acordamos mucho de Pepito pues le hubiera encantado el sitio. Después de unos bailes, unas cervezas y unos parecidos encontrados nos marchamos a casa como a las dos y media.

El miércoles nos levantamos tarde. Era el único día en el que nos lo podíamos permitir. Tampoco habíamos planeado nada así que lo que hicimos fue deambular por el centro y unas compritas de última hora. Manolo se compró un edredón de plumas, recogimos sus fotos, nos tomamos un zumo en el brass monkey y nos marchamos a casa.

Una vez allí me puse a preparar la comida y a hacer una tortilla para llevarnos al día siguiente a las highlands. Como almuerzo hice otra vez el pollo en salsa que entró de maravilla.

Por la noche fuimos al citrus que era gratis pero estaba muy vacío. La música estaba bastante bien y había cerveza a una libra pero nos marchamos enseguida hacia el tron donde no nos dejaron entrar pues decían que ya habían cerrado. Así que nos fuimos al cabaret voltaire donde nos cobraron dos libras por entrar pero había música en directo y no demasiada gente. Se estaba genial así que estuvimos bailando funky que te funky y riéndonos con los personajes de nuestro alrededor.

Como a la una llegaron Stavros y sus dos visitantes griegos (Giannis y Spiros). No se les veía muy integrados, la verdad así que se marcharon como a las dos y Manolo y yo con ellos. Nosotros para casa y ellos a Spionage, creo recordar...

El jueves madrugamos muchísimo para ir a recoger el coche que habíamos alquilado para subir a las highlands. Nos dieron un peugeot 206 rojo diesel muy bonito y con él tomamos rumbo al parque natural de Loch Lommond tras recoger a Stavros y a sus dos huéspedes.

Desde el primer momento me dió a mí la sensación de que los huéspedes de Stavros tenían ideas muy diferentes a las nuestras sobre como pasar el día. Stavros condujo guiado por mí hasta el mismo sitio donde estuvimos cuando vino Manuel Maeso. Estaba precioso, con unos colores otoñales vivísimos. Una chulada. La cosa es que no paraba de llover y tras un rato conduciendo por el parque natural, Stavros me comunicó que sus huéspedes andaban locos por ir a Glasgow. Yo no me lo podía creer. Casi acabábamos de llegar a las highlands y se querían ya marchar a Glasgow. En fin, como llovía con bastante insistencia nos marchamos para allá. Además, nos venía muy práctico para que así Manolo viera las estaciones de tren por las que se tendría que mover al día siguiente en su camino hacia Prestwick.

Nada más llegar nos separamos. Quedamos en vernos en el coche en dos horas. Manolo y yo paseamos por las calles principales y luego nos fuimos a ver la catedral y el castillo donde yo nunca había estado. La verdad es que para lo que es Glasgow, están bastante bien los dos.

Cuando nos reeencontramos, pregunté a los griegos que qué habían visto y al parecer sólo habían visto Buchanan Street y luego se habían metido en un pizza hut a comer. Tanta ilusión con ver Glasgow para luego echar la tarde en un pizza hut. Me sorprendió mucho, especialmente porque hacía una tarde muy buena.

La vuelta a Edimburgo duró como dos horas debido a los embotellamientos. Estábamos agotados después de toda la semana sin parar. Yo me quedé dormido en el coche nada más montarme.

Cuando llegamos a casa, nos duchamos, recogimos a Colin y a Ramón y nos fuimos a casa de Ana que nos había invitado a cenar. Nos puso muchísimas cosas todas buenísimas. La verdad es que hizo un gran esfuerzo. No me lo esperaba en absoluto.

Después de la cena estuvimos charlando un rato y decidimos salir ya que era la última noche de Manolo.

Tras un intento fallido de ir al wee red bar, donde yo creía que había conciertos y djs hasta las tres, nos marchamos al Pivo donde nos tomamos una (yo tónica, que conducía) y después de eso a casa. Yo estaba agotado y a consecuencia de ello, de muy mal humor así que me metí en la cama enseguida para no ser desgradable con nadie.

El viernes me despedí de Manolo por la mañana disculpándome por mi mal humor de la noche anterior y me fui a trabajar.